miércoles, 12 de marzo de 2008

FILOSOFIA KANTIANA

La respuesta de Kant al problema de la metafísica.

Nota: Estos apuntes no incluyen la ética kantiana, esto es, la Razón Práctica.

Biografía
Influencias en Kant
Objetivo de la filosofía kantiana
La respuesta de kant al problema de la metafisica
El giro copernicano
Las condiciones del conocimiento científico
Los juicios sintéticos a priori
La doctrina del conocimiento en la “Crítica de la razón pura”
Conclusión
Bibliografía



A) Biografía
Immanuel Kant nació en 1724 en Königsberg, ciudad de la Prusia Oriental que en 1946 pasó a depender de Rusia con el nombre de Kaliningrado. Después de estudiar durante siete años en una escuela local, Kant empezó a estudiar teología en la Universidad de Königsberg, pero pronto abandonó esta disciplina en favor de la filosofía, las matemáticas y la física, atraído de forma especial por la obra de Isaac Newton. Para ganarse la vida, trabajó durante nueve años como preceptor de hijos de aristócratas y potentados en los alrededores de Königsberg. Al mismo tiempo, profundizaba en sus estudios de filosofía, consiguiendo el doctorado el año 1755. Con este título pudo ejercer como profesor no titular en la Universidad, hasta que en 1770 fue nombrado profesor titular de la cátedra de lógica y metafísica, puesto que ocuparía hasta su muerte. Durante más de cuarenta años, Kant se dedicó por entero a la actividad docente, a la investigación filosófica y a la redacción de sus obras, que marcaron un hito muy importante en el desarrollo de la historia de la filosofía. Fue un profesor querido por sus alumnos, a los que sabía estimular en sus deseos de saber y conocer más. No sólo enseñó lógica y Metafísica, sino también otras materias, como matemáticas, física, geografía, teología natural, ética y derecho. La vida de Kant, hombre sedentario y metódico, estuvo marcada por una gran regularidad —desde muy joven, Kant se “autoimpuso” un programa diario de actividades que cumplía con tal precisión y método que los habitantes de Königsberg podían poner sus relojes en hora con solo fijarse en las entradas y salidas de Kant—. Fue, así, la suya una existencia rutinaria, libre de acontecimientos especiales, que transcurrió siempre en su ciudad natal, sin viajar nunca a otros lugares o países.
La publicación de sus obras principales dio a Kant una gran celebridad, no sólo en Alemania, sino también en el resto de Europa, pero rechazó todas las ofertas que le llegaron para que fuera a dar cursos fuera de Königsberg. En 1804 falleció, y La Universidad y toda la ciudad de Königsberg le enterraron con honores propios de un príncipe.
El pensamiento de Kant está expuesto en una serie de obras, entre las que destacan las siguientes:
• Crítica de la razón pura (1781). • Idea de una historia universal en clave cosmopolita (1784). • Fundamentación de la metafísica de las costumbres (1785). • Crítica de la razón práctica (1788). • Crítica del juicio (1790). • La religión dentro de los límites de la mera razón (1793). • Sobre la paz perpetua. Un esbozo filosófico (1795). • La metafísica de las costumbres (1797).

B) Influencias en Kant

1. Kant y el movimiento ilustrado.

La Ilustración es un fenómeno europeo que pretendía la modernización de la cultura y la economía, así como la reforma de la sociedad. Para ello, los intelectuales ilustrados se valieron de la razón, las ideas de progreso y de felicidad y el entusiasmo por la naturaleza o el ansia de conocimiento. Su lema era "sapere aude": atrévete a saber.
Kant pertenece al movimiento ilustrado pero a lo que se ha dado a conocer como la tercera generación de filósofos ilustrados. En esta destacan, además de Kant, Lessing, Turgot... Esta tercera generación se desarrolla en Alemania, país que se incorporó algo tarde a la corriente ilustrada europea, pero que cuando Francia sucumbió a las convulsiones sociopolíticas se encargó de llevar a cabo la última lección teórica de la Ilustración.
Pero a pesar de todo esto, podemos decir que Kant es un autor que sintetiza las cuatro corrientes filosóficas que concluyen en su época: la nueva Física iniciada en Copérnico y culminada en los “Principios” de Newton; el Racionalismo y Empirismo en su polémica sobre la génesis del conocimiento; y la Ilustración .

2. Kant y la ciencia de Newton.

Matemático y físico inglés (1642-1727), Newton descubrió la ley de la gravitación universal, investigó la composición y descomposición de la luz; se le atribuye la invención del cálculo infinitesimal, hecho que recabó Leibniz para sí.
Cuando en 1755 Kant publica la Historia General de la Naturaleza y teoría del cielo tiene ya una concepción bastante definida de la estructura astronómico-cósmica, y ya ha tomado sobre sí la problemática del tiempo y del espacio, más allá de los límites de lo empíricamente conocido. Sabe de la Física newtoniana y acepta la inducción científica, a la vez que pretende llevarla más allá de los límites que le había dejado el mismo Newton. Hacia 1763 se inicia en el estudio de los límites entre la Matemática y la Metafísica y reconoce lo que hay de razonable en la pretensión de los newtonianos de prescindir de los conceptos generales, es decir, partir de la observación de los fenómenos para descubrir la ley que cumplen en su acontecer.
Lo que había enfrentado a empiristas y racionalistas, Newton y Leibniz concretamente, fue la cuestión del espacio. [1]Newton había distinguido entre espacio absoluto y espacio relativo. El espacio relativo hace referencia a las distancias de los cuerpos tomando uno como inmóvil; pero el espacio absoluto estaba más allá de los sentidos y había que abstraerse de ellos para alcanzar la noción a través de un proceso inductivo. Para Leibniz, espacio y tiempo son conceptos del entendimiento puro, son algo puramente inteligible, aunque pueden ser aplicados a la realidad empírica; una sucesión de representaciones suscita en nosotros la idea de duración, pero no constituye la esencia misma de esa idea porque nuestras representaciones no son nunca suficientemente continuas para proporcionarnos la idea de tiempo; por tanto, espacio y tiempo no son más que abstracciones de la mente. Kant terciará entre ambas posturas.
Kant, al tomar los conceptos de espacio y tiempo como “formas subjetivas a priori” toma de ambas posiciones lo que encuentra en ellas de razonable y justificable desde la razón y desde la experiencia. Al situar el espacio y el tiempo en la estructura del conocimiento, les reconoce su carácter absoluto y su conexión con la experiencia, sólo que, en este caso, en vez de ser fruto de la experiencia, son condiciones que hacen posible la experiencia.

COSAS A TENER EN CUENTA

? Principio de homogeneidad: "A efectos naturales del mismo género le corresponden causas del mismo género".
? Principio de inducción: "Podemos pasar de lo observable a los principios inobservables".
? Son preferibles las afirmaciones basadas en la experiencia que las basadas en hipótesis.
RASGOS ESENCIALES DEL CONCEPTO DE NATURALEZA SEGÚN NEWTON Y LA ILUSTRACIÓN:
¦ La naturaleza se entiende como un sistema de leyes que se rigen por estos principios: regularidad, continuidad, conservación y mínimo esfuerzo.
¦ El conocimiento de las leyes de la naturaleza permite predecir el futuro y actuar en consecuencia.
¦ La naturaleza es autónoma (se puede explicar por sí misma).
¦ Las leyes de la naturaleza son determinantes, necesarias, no cabe la libertad en la naturaleza.
¦ Todo lo existente se puede explicar en el ámbito mecánico de lo físico y químico siempre tendiendo en cuenta el concepto de vida, dentro del que están las fuerzas que actúan entre sí (masa y energía).

3. Kant y el Empirismo.

David Hume (1711-1766) fue uno de los principales representantes del empirismo inglés. El empirismo predicaba que la mejor fuente de conocimiento era la experiencia.

Hume, representante del empirismo en Inglaterra ejerció una influencia decisiva en el pensamiento de Kant. Él mismo nos dice que gracias a la lectura de las obras de Hume pudo “despertar del sueño dogmático”. Parece ser que el dogmatismo de ese sueño hace referencia a la filosofía racionalista que había recibido de Wolf y Leibniz.
La influencia de Hume sobre Kant consistió en cambiar la dirección de sus pensamientos; estaba de algún modo condicionado por su formación racionalista, que admitía sin reservas la consistencia del mundo exterior; pero los análisis psicológicos de Hume le pusieron en la sospecha de que quizá no fuera tan sencillo admitir el hecho del mundo exterior, e incluso le llevaron a conducir sus pensamientos más allá de donde los había llevado Hume.
Según Hume, el principio de la causalidad se había de reducir al hábito de que, dado un fenómeno cabía esperar la presencia del siguiente. Pero Kant no se conforma con esto, sino que quiere sacar todas las consecuencias de este hecho, y trata de someter a juicio a la razón misma, para poder delimitar cuáles son sus propios límites y evitar que los rebase.
Y la otra aportación fundamental en la doctrina de Kant que hace el empirismo es la reducción de todo nuestro conocimiento sensitivo a un conocimiento meramente fenoménico; lo que hay en el exterior de nuestra sensibilidad no es exactamente lo que recogen nuestros sentidos, sino que viene modificado por la estructura totalmente a priori de nuestro conocimiento. Hume lo había señalado, reduciendo ese papel a la costumbre o habitualidad con que se presentan los fenómenos a nuestro conocimiento; y en función de ese hábito o costumbre, terminamos uniéndolos como si en realidad estuviesen unidos, cuando lo cierto es que no tenemos verdadera percepción de esa estructura objetiva de la realidad. Por ejemplo, Hume cuando hace la crítica a la idea de sustancia nos dice lo siguiente: “las impresiones y las ideas simples son los elementos primeros y primigenios de todas nuestras percepciones, y lo que llamamos sustancia no es otra cosa que una colección de ideas simples unidas por la imaginación; a ese conjunto de ideas simples se les designa con un nombre, gracias al cual se designa la colección entera”.

4. Kant y el Racionalismo.

Kant conocerá el ideario racionalista a través de Wolf y, sobre todo, de Leibniz (1646-1716).

Tanto Racionalismo como Empirismo eran las corrientes filosóficas vigentes en los años del Kant “precrítico”. Sus posiciones, muchas veces contrapuestas, parecen exigir un punto de encuentro. Kant intentará mediar entre ambas posiciones con la intención de asimilar lo que hay de verdadero en cada una de dichas corrientes.
Del Racionalismo, que conoce mejor por Leibniz, toma la “radicalidad” del planteamiento del problema del conocimiento. Es la actitud primaria, que también encontramos en Descartes, de buscar un punto de partida que nos permita establecer unas bases sólidas para el conocimiento.
Y la cuestión más importante que las posturas encontradas del Empirismo y del Racionalismo van a proporcionar a Kant es la discusión acerca de la objetividad del conocimiento. Mientras el Racionalismo admite esa objetividad y acepta que a cada idea corresponde una realidad que es conocida en su objetividad, el Empirismo (en la formulación de Hume) reduce toda esa objetividad a nuevos procesos psíquicos. Kant tomará una postura intermedia entre ambos extremos; acepta el fenomenismo de Hume, pero con muchas reservas para no caer en un escepticismo; admite que la razón, en el ejercicio puro de su facultad, no puede rebasar los límites que le marca la experiencia, pero no por ello corta el camino hacia el conocimiento de lo que rebasa los sentidos.

5. Kant y Rousseau.

Filósofo, músico, botánico francés, Rousseau es uno de los escritores más elocuentes de la Ilustración. Las ideas de Rousseau están entre la Ilustración del siglo XVIII, con su defensa apasionada de los derechos individuales, y el romanticismo de principios del XIX, que propugnaba la experiencia subjetiva frente a lo racional.

Hacia 1762 debió Kant conocer las primeras obras de Rousseau, y según una anécdota, se cuenta que por primera vez Kant dejó de dar su paseo habitual cuando le absorbió la lectura del Emilio. Kant desde el principio admiró a Rousseau como un estilista:
“Necesito leer y releer a Rousseau hasta que no me cautive ya la belleza de la expresión y pueda analizarlo todo con la razón solamente... La primera impresión que saca de las obras de Rousseau un lector que no acuda a ellas solamente por distracción o pasatiempo, es la de que se dan en él una extraordinaria agudeza de espíritu, el noble brío del genio y un alma sensible en un grado tan alto como quizá no se hayan dado juntos en ningún otro escritor... La impresión siguiente es la de estupor ante las ideas tan extrañas y absurdas, tan contrapuestas a todo lo usual... y que llega uno a presumir que sólo expone para poder demostrar su talento extraordinario y la fuerza mágica de su elocuencia...”
(Cassirer: Kant, vida y doctrina; 1968)

Kant se propone profundizar en el estudio de las obras de Rousseau hasta descubrir la clave de su pensamiento; sus contemporáneos descubren en Rousseau al revolucionario que lucha contra la tiranía de los poderosos y de la norma establecida por éste, y contra una moral establecida en beneficio de una parte de ciudadanos, proponiendo por ello un retorno a la naturaleza en la que todos puedan encontrar de nuevo la libertad perdida por los entresijos de una sociedad artificial. Pero Kant en ese retorno a la naturaleza encuentra, más que el sentimentalismo de lo primitivo, una llamada a la ley y al orden. Para Kant, Rousseau es el pensador que quiere aplicar a la moral la objetividad y la regularidad.

C) Objetivo de la filosofía Kantiana

De una manera resumida, se puede decir que la pretensión de la filosofía kantiana es sistematizar y justificar todos los ámbitos del conocimiento y de la acción humana de la época en torno a la razón y a la crítica –análisis de todos los conocimientos, el esclarecimiento de todas las contradicciones y problemas planteados en el desarrollo de esos conocimientos y actividades humanas–.
Kant afirmó que la filosofía es la actividad especulativa que está encaminada a responder a 3 preguntas básicas:

¿Qué puedo conocer? Acerca del problema de la naturaleza, alcance y límites del conocimiento humano.
¿Qué debo hacer? Acerca de la ética.
¿Qué me cabe esperar? Acerca del problema religioso.

Estas 3 preguntas básicas son reducibles a otra más genérica que las engloba: ¿qué es el hombre?

LA RESPUESTA DE KANT AL PROBLEMA DE LA METAFISICA

1. EL SENTIDO DE LA METAFÍSICA KANTIANA

La cuestión esencial que se plantea Kant en la Crítica de la Razón Pura es cómo es posible el conocimiento científico y por qué el conocimiento científico es el único posible. La otra cuestión es qué papel tienen (si tienen alguno) todas las ideas que, no siendo objeto de conocimiento científico, son consideradas como imprescindibles o necesarias para la acción humana (praxis). Pero vayamos por partes y ordenadamente. Dentro del periodo denominado “crítico” (desde 1781, año de la publicación de la Crítica de la Razón Pura) se observa en Kant una triple preocupación que puede servirnos como hilo conductor para desarrollar su pensamiento:

a) ¿Cómo es posible la ciencia?

Este es el primero de los problemas. Kant acepta el hecho de que la ciencia, entendiendo por ésta tanto la Matemática tradicional como la nueva Física, es válida y que sirve perfectamente para describir los fenómenos naturales. Esta cuestión nunca es criticada por Kant, ni en su ánimo estuvo el hacer una crítica de la Ciencia. Su validez es algo que Kant nunca puso en duda -La palabra “crítica” en sentido kantiano es algo distinta de nuestro moderno uso de ella. Para él, crítica vendría a ser un conjunto de puntualizaciones y determinaciones acerca de algo, su demarcación, lo que para nosotros vendría a ser análisis crítico.
Según Kant, la situación filosófico-epistemológica de la Ciencia en su época no era suficiente: faltaban fundamentos para establecer la validez objetiva (universal y necesaria) de la ciencia.
Es cierto que la Ciencia de la Naturaleza se ocupa de fenómenos sensibles y empíricos, pero éstos siempre son particulares e individuales... ¿Cómo, no obstante, la Ciencia se establece en proposiciones universales? ¿Cómo establecer la universalidad de las leyes científicas a partir de la investigación empírica? La respuesta que habían dado los Racionalistas le parece falsa a Kant por su innatismo y alejamiento de la experimentación, pero la crítica de Hume a la causalidad le parece indigna para la Ciencia. La Ciencia no puede basarse en nuestra creencia en el principio de uniformidad de la naturaleza ni en la confianza de que todo siga funcionando igual, sino que debe tener una validez objetiva propia.
El inicio de su motivación filosófica es buscar una explicación al fundamento del conocimiento. Y está claro, para Kant, que hay Ciencia pero: ¿qué es lo que hace posible que haya Ciencia? ¿Cuáles son las condiciones que hacen posible que el hombre tenga conocimiento científico?
Además, estableciendo las condiciones que hacen posible la existencia de la Ciencia, Kant no sólo habrá obtenido un sólido fundamento para el conocimiento científico sino que, adicionalmente, habrá conseguido otra cosa: decirnos qué condiciones debe tener aquello que haya de ser considerado como Ciencia, lo que significaba que lo que no cumpla o no se establezca bajo ese conjunto de condiciones no será científico. Con esto, Kant nos ha establecido un tribunal para decidir sobre lo que es y lo que no es científico.

b) ¿Qué pasa, entonces, con los temas tradicionales de la Metafísica, conocimiento que ha pretendido establecerse ocupándose de la verdad (científica) sobre ciertas materias de la máxima importancia en el conocimiento humano? ¿Son legítimas las pretensiones de la Metafísica?

Si se analiza la historia de esta disciplina podemos ver que la Metafísica ha ido de mal en peor, lo único que han hecho los autores de esta disciplina ha sido “construir castillos en el aire”, porque han construido sistemas pero careciendo de los fundamentos elementales necesarios. La Metafísica ha ido titubeando desde hace mucho tiempo y cada vez que se ha intentado establecer sus principios ha habido que empezar a hacerlo de nuevo. Además, las opiniones de los sabios que la han cultivado no han logrado nunca un acuerdo, ni han podido aportar principios definitivamente establecidos.
¿Qué pasa, pues, con la Metafísica? ¿Tiene posibilidad de ser establecida como un conocimiento objetivo, como la Ciencia? Ya hemos dicho anteriormente que para que algo sea considerado como ciencia ha de cumplir un conjunto de condiciones, así, si la Metafísica las cumple, será una ciencia, y si no las cumple, no lo será.
Dentro de la Crítica de la Razón Pura la respuesta de Kant a las pretensiones de la Metafísica será negativa, y se ocupará de mostrarnos que las pretendidas aspiraciones de verdad científica que tradicionalmente ha tenido son completamente falsas.

c) Reintroducción más allá de los valores del conocimiento científico de ciertas ideas claves de la antigua Metafísica pero que ahora adquirirán una dimensión antropológica distinta y nueva.

Si Kant había negado la posibilidad científica de las ideas tradicionales de la Metafísica (Dios, alma, mundo) ello no significa que tales ideas no valgan en absoluto. No valen en cuanto a pretensión científica, pero eso no significa que no tengan validez en otras áreas de la condición humana, que de hecho pueden tener mayor importancia aún que la ciencia.
Si el hombre fuera sólo conocimiento científico no habría duda de la nula validez de estas ideas. Pero justo al área de este tipo de conocimiento existe otra área que se ocupa de los valores morales, sociales, políticos... y que extiende sus brazos mucho más allá del campo de la Ciencia Natural.
Si el mundo Natural es el mundo del determinismo, rígidamente establecido y gobernado por las leyes de la Física, todo aquel otro mundo de la acción y valoración humana, donde la libertad y la voluntad son protagonistas, no está sometido al modelo de la explicación científica.
Como antes hemos visto, pues, el problema a resolver es si es posible la Metafísica como ciencia. Hemos visto que la ciencia es posible bajo ciertas condiciones, ¿puede la Metafísica ajustarse a esas condiciones? Si la respuesta es afirmativa, la Metafísica podrá adquirir el rango de ciencia; si por el contrario la respuesta es negativa, la Metafísica no podrá constituirse como ciencia y haremos bien en abandonarla.

2. EL GIRO COPERNICANO

Dos son, pues, los grandes logros de la obra de Kant. En primer lugar, ofrecer un fundamento epistemológico a la Ciencia Natural, esto es, decirnos bajo qué condiciones se han establecido las ciencias, condiciones que son las que precisamente hacen posible que la Ciencia sea universal y necesaria. Pero por otra parte, el segundo logro, abrir las puertas de un nuevo enfoque en la Filosofía, que será precisamente gran parte del camino que la filosofía vaya a recorrer durante el siglo XIX.
Cuando Copérnico se planteó la posibilidad de que fuera la Tierra quien se movía alrededor del Sol, comprendió inmediatamente que era muy difícil determinar, sin puntos de referencia, cuando un cuerpo se mueve con respecto a otro, cuál de los dos se mueve. Todos hemos tenido la experiencia en una estación de ferrocarril, situados dos trenes en vías adyacentes, si uno empieza a moverse, no podemos saber cuál de los dos se mueve (el nuestro o el de al lado) si no encontramos un punto de referencia que nos permita determinar que nos movemos respecto del otro tren (o viceversa). El movimiento es el mismo; la diferencia es la situación del observador.
Pues Kant descubre que el progreso de las ciencias matemáticas y Física se había producido precisamente porque se había cambiado la perspectiva en la que se realizaba el conocimiento. Así, si en vez de determinar el conocimiento del sujeto por el objeto, se determina el conocimiento del objeto por la estructura del sujeto es posible incluir elementos a priori en el conocimiento del objeto, y en caso contrario no. Y de la misma manera que las ciencias habían logrado encontrar la “senda segura de la ciencia” precisamente por un cambio de método, seguramente será posible empujar a la Metafísica por esa segura senda si realizamos la revolución que en orden al movimiento de los cuerpos realizó Copérnico. Por eso Kant habla de Giro copernicano.
Dicho de otra manera, el Giro copernicano consiste en invertir la relación entre el sujeto que conoce y el objeto a conocer. Si es el objeto a conocer el que determina las condiciones del conocimiento, nada me será conocido hasta que no me sea dado; y ningún conocimiento a priori, es decir, antes de que me sea dado, será posible sobre el objeto. Sin embargo, si es el sujeto el que determina las condiciones del objeto, podemos saber del mismo algunos datos antes de que el objeto nos sea presentado. Y esta inversión en el conocimiento iniciada, de alguna manera, por Hume al afirmar que no conocemos cosas, sino sólo las representaciones de las cosas en la medida que es posible a causa de los límites y debilidad de la razón, es lo que se viene llamando revolución copernicana.

3. LAS CONDICIONES DEL CONOCIMIENTO CIENTÍFICO

Anteriormente habíamos dicho que lo que Kant trataba de investigar eran las condiciones que hacen posible el conocimiento científico, pero ¿de qué condiciones se trata? Y ¿cómo investigar tales condiciones? Vamos a responder a estas dos preguntas.

* ¿De qué condiciones se trata?
Para comprender el planteamiento kantiano hemos de distinguir dos tipos de condiciones que Kant denomina, respectivamente, condiciones empíricas y condiciones a priori. Vamos a ver lo que significa esto con un ejemplo:
Como es obvio, el que podamos ver algo depende de un sinnúmero de condiciones. Depende, en primer lugar, de que nuestra vista sea suficientemente aguda, y que el objeto no se encuentre excesivamente lejos o sea excesivamente pequeño. Estas condiciones son particulares y meramente fácticas; en efecto, un individuo puede tener una agudeza visual suficiente para percibir un objeto que otro individuo es incapaz de percibir por padecer miopía, por ejemplo. Más aún, inclusive cuando se tratara de distancias o tamaños tales que ningún individuo humano pueda de hecho percibir, siempre cabría inventar instrumentos suficientemente poderosos (telescopios o microscopios) que permitieran su percepción. Este tipo de condiciones –particulares y fácticas– se denominan “condiciones empíricas”.
Pero existen otro tipo de condiciones que son generales y necesarias, de un tipo totalmente distinto. En el caso y ejemplo de la visión, una condición para ver algo es que nuestra percepción esté localizada en un lugar del espacio y en un momento del tiempo. Por ejemplo: un individuo se nos acerca y nos dice que ha visto algo; le preguntamos “¿dónde?” y nos contesta que en ninguna parte; le preguntamos “¿cuándo?” y nos contesta que en ningún momento. Tal vez se trate de un loco o de un bromista. En cualquier caso, estamos seguros de que el individuo en cuestión no ha visto algo. Espacio y tiempo son condiciones de nuestra percepción, pero son un tipo de condiciones completamente distintas de las que señalábamos en el párrafo anterior: no son particulares (no afectan a la visión de este objeto o de este individuo en particular) sino generales (afectan a la visión como tal y, por tanto, a todo individuo); no son puramente fácticas (no pueden ser alteradas), sino estrictamente necesarias (no pueden no darse). A este tipo de condiciones las denomina Kant “condiciones a priori”.
Las condiciones a priori son, pues, universales y necesarias. A estas dos características hay que añadir una tercera que define su naturaleza: son previas a la experiencia. Es decir, no provienen de la experiencia, sino que condicionan a ésta; son condiciones que pertenecen a la estructura del sujeto. Por tanto, podemos concluir, que las condiciones a priori (universales y necesarias) hacen posible la experiencia siendo previas a la misma, y es por eso que Kant las denomina trascendentales.

* ¿Cómo investigar las condiciones que hacen posible el conocimiento científico? Para intentar responder a esta pregunta tenemos que tener en cuenta que una ciencia es un conjunto de [2]juicios o proposiciones. Si observamos un tratado de Física vemos como podemos convertirlo en una lista de proposiciones: “los átomos constan de partículas”, “la partícula X tiene tales características”... Queda claro que las proposiciones o juicios científicos no aparecen formulados aisladamente, sino concatenados entre sí formando razonamientos. Pero es sabido que los razonamientos se componen de juicios y, por tanto, pueden ser descompuestos en éstos.
Por tanto, si una ciencia es un conjunto de juicios, el problema podría concretarse de la siguiente manera: ¿cuáles son las condiciones que hacen posibles los juicios de la ciencia? Para responder, debemos observar cuidadosamente qué tipo de juicios utiliza la ciencia e investigar las condiciones que los hacen posibles.

4. LOS JUICIOS SINTÉTICOS A PRIORI

Así pues, ¿qué tipo de juicios son los característicos de la ciencia? (Kant siempre entiende por ciencia las Matemáticas y la Física). Para contestar a esta pregunta se hace necesario distinguir entre diversos tipos de juicios para aclarar cuáles son los característicos de la ciencia.

a) Juicios analíticos y juicios sintéticos

Kant comienza estableciendo la distinción entre juicios analíticos y juicios sintéticos, distinción que ya Leibniz había propuesto al hablar de verdades de razón y verdades de hecho, o Hume al hablar de relaciones de ideas y de cuestiones de hecho.
En un juicio, en cuanto proposición que expresa la relación de un sujeto con un predicado, puede ocurrir que el predicado pertenezca a la esencia del sujeto, o que sea algo añadido a la misma. Así, por ejemplo, si decimos: “todo hombre es mortal”, como la mortalidad es una característica de todo lo que nace, lo que afirmamos del hombre es algo que ya está contenido implícitamente en la noción de sujeto; en cambio, si decimos “algunos hombres son filósofos”, como el cultivo de la filosofía no es algo que pertenezca a la esencia del ser humano, es algo que no nos da el nuevo análisis del concepto del hombre; por tanto, es necesario recurrir a la experiencia para saber que algunos hombres cultivan la filosofía. Pues bien, Kant denomina juicios analíticos a los primeros y sintéticos a los segundos.

► Un juicio es analítico cuando el predicado está comprendido en el sujeto y, por tanto, basta con analizar al sujeto para comprender que el predicado le conviene necesariamente. Por ejemplo, “un todo es mayor que sus partes” es un juicio analítico, porque basta con analizar el concepto de un “todo” para hallar la verdad del predicado. Otro ejemplo: “El triángulo tiene 3 ángulos. Estos juicios no nos dan información alguna, o como dice Kant, no son extensivos, no amplían nuestro conocimiento: como es obvio, a quien sepa lo que es un todo, este juicio no le enseña nada que no supiera antes de formularlo. Los juicios de esta clase pueden llamarse explicativos, puesto que explican una nota que implícitamente estaba contenida en él. Además, siempre son verdaderos, necesarios y universales.

► Un juicio es sintético, por el contrario, cuando el predicado no está contenido en la noción o concepto del sujeto; en ellos se hace una síntesis de experiencia, son empíricos (a posteriori). “Todos los nativos del pueblo X miden más de 1,90m” es un juicio sintético, ya que en la noción del sujeto no entra, no está incluido el predicado: la noción del sujeto incluye únicamente el dato de “haber nacido en el pueblo X” pero no incluye ningún dato acerca de tamaño o estatura. Otros ejemplos: “El calor dilata los cuerpos” o “este fluido contiene sales”. Estos juicios sí dan información o, como dice Kant, son extensivos (amplían nuestros conocimientos), son particulares (ya que su verdad está restringida, constreñida al “ahora” y al “aquí) y son contingentes (su contrario no es imposible, su verdad no es necesaria).

b) Juicios a priori y juicios a posteriori

La clasificación anterior está hecha atendiendo a si el predicado está incluido o no en la noción de sujeto. La clasificación de que nos ocupamos ahora está hecha atendiendo a otro criterio, a saber, al modo como es posible conocer la verdad de un juicio cualquiera.
En la “introducción” a la Crítica de la Razón Pura se plantea ya la necesidad de distinguir entre “conocimiento puro” y “conocimiento empírico”. Si todos nuestros conocimientos comienzan por la experiencia, no se puede decir, en cambio, que todos nuestros conocimientos proceden de la misma porque podría suceder que el conocimiento que recibimos por los sentidos no sea más que un componente de lo que llamamos “conocimiento” y, entonces, tendríamos que admitir que en el conocimiento hay un conocimiento puro, independiente del adquirido por experiencia, y un conocimiento empírico. Estos dos componentes, en cuanto que uno es independiente de la experiencia, es a priori y el otro, en cuanto que procede de la experiencia es a posteriori. Por tanto:

► Juicios a priori son aquellos cuya verdad puede ser conocida independientemente de la experiencia, ya que su fundamento no se basa en ésta. “Un todo es mayor que sus partes” es un juicio a priori: conocemos su verdad sin necesidad de andar comprobando y midiendo todos y partes. Y, por otra parte, los juicios a priori son universales y necesarios.

► Juicios a posteriori son aquellos cuya verdad es conocida a partir de la experiencia. De acuerdo con esta clasificación, “todos los nativos del pueblo X miden más de 1,90m” es a posteriori: no tenemos otro recurso que observar a tales individuos si queremos tener certeza de la verdad de este juicio (hace falta realizar mediciones de los nativos). Y, por otra parte, los juicios a posteriori no son universales ni necesarios, sino contingentes, ya que al depender de la experiencia, ésta puede ser contradictoria con otra futura.

Ahora bien, Kant va a precisar un poco más el concepto de a priori, ya que va a distinguir entre conocimientos a priori puros y conocimientos a priori derivados, según que no dependan en absoluto de la experiencia y, además, estén privados de todo elemento empírico, o bien que no dependan de la experiencia pero contengan elementos empíricos. Así, por ejemplo si decimos “todo cambio tiene una causa”, nos encontramos que la noción de cambio sólo es posible adquirirla por experiencia y, por tanto, se trata de un a priori derivado (y no puro). En cambio, si decimos que “todo triángulo tiene tres ángulos” es un conocimiento a priori puro, puesto que no necesita recurrir a la experiencia para poder afirmarlo.

c) Juicios sintéticos a priori

La anterior distinción es la que dará lugar los juicios sintéticos a priori, porque tomemos el siguiente juicio, “la recta es la distancia más corta entre dos puntos”: ¿se trata de un juicio analítico? Ciertamente no, ya que el predicado no está contenido en la noción de sujeto: en el concepto de línea recta no entra para nada la idea alguna de distancias. Es, por tanto, sintético. ¿Es a posteriori? Tampoco, ya que, primero, nos consta de su verdad sin necesidad de andar midiendo distancias entre dos puntos, sin necesidad de recurrir a ninguna experiencia comprobatoria y, segundo, es estrictamente universal y necesario. Es, por tanto, a priori. Así, se acepta la posibilidad de juicios sintéticos a priori que, por ser sintéticos, son extensivos, es decir, nos dan información, amplían nuestro conocimiento respecto a aquello que se refieren y, por ser a priori, son universales y necesarios, y el conocimiento de su verdad no procede de la experiencia.
Precisamente esta tercera clase de juicios son los que constituyen el fundamento de la ciencia. La razón de ello está en que los juicios analíticos, por tener la noción de predicado contenida en el sujeto, no aumentan en absoluto nuestro conocimiento de las cosas (no son extensivos); es decir, después de formular un juicio analítico no sabemos más que antes de formularlo. Son verdaderos, universales y necesarios, pero los juicios analíticos no nos permiten aumentar nuestro conocimiento, el cual no experimentaría ningún progreso si todos los juicios fuesen analíticos. Por otra parte, los juicios sintéticos, por añadir la noción del predicado algo a la noción del sujeto, que no estaba previamente contenida en él, dependen de la experiencia, y la experiencia nos proporciona siempre conocimientos particulares, y la verdad de cada uno de estos juicios se ha de comprobar mediante la experiencia. Por tanto, si sólo pudiéramos formular juicios sintéticos, no podríamos construir ninguna ciencia, puesto que la ciencia lo es de lo universal y necesario, y no de lo particular y contingente. De modo tal que con sólo los juicios analíticos (a priori) o con sólo los juicios sintéticos (a posteriori) no podríamos construir ninguna ciencia. Si hay ciencia, y la hay puesto que ahí están la Matemática y la Física, es porque existe una tercera clase de juicios que reúnen en sí mismos las cualidades de los analíticos (universalidad y necesidad) y las cualidades de los sintéticos, permitiendo progresar en el conocimiento.

5. LA DOCTRINA DEL CONOCIMIENTO EN LA “CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA”

En la Crítica de la Razón Pura se pueden distinguir tres partes que Kant denomina: Estética Trascendental, Analítica Trascendental, Dialéctica Trascendental. Estas tres partes corresponden a tres facultades que Kant distingue en el hombre: sensibilidad, entendimiento y razón respectivamente. Estas tres partes se corresponden también con los tres tipos de conocimiento: el conocimiento matemático, el conocimiento científico y el conocimiento metafísico. El plan en éstas tres partes es el siguiente:

- En la Estética Trascendental estudia Kant las condiciones sensibles del conocimiento, a la vez que muestra cuáles son las condiciones que hacen posible que en la Matemática existan juicios sintéticos a priori.
- En la Analítica Trascendental estudia Kant el entendimiento, a la vez que muestra cuáles son las condiciones que hacen posible que haya juicios sintéticos a priori en la Física.
- En la Dialéctica Trascendental Kant estudia la razón, a la vez que se ocupa del problema de la posibilidad o imposibilidad de la Metafísica, es decir, de si la Metafísica satisface las condiciones que hacen posible la formulación de juicios sintéticos a priori.


1. Estética Trascendental — Sensibilidad — Matemáticas
En resumen: CRP 2. Analítica Trascendental — Entendimiento — Física
3. Dialéctica Trascendental — Razón — Metafísica

" 5.1. LA ESTÉTICA TRASCENDENTAL

El contenido de la Estética Trascendental es el análisis de aquellas condiciones que siendo independientes (a priori) de la experiencia la hacen posible. A este nivel Kant sólo nos está hablando de la percepción de objetos sensibles y nos dirá cuáles son las condiciones (necesarias) para la representación de todos y cada uno de los objetos que percibimos.
Estas condiciones necesarias y precisas para la captación sensible (que serán la condición de la sensibilidad) son el espacio y el tiempo. Kant denomina a ambos “formas a priori de la sensibilidad” (“formas puras de la sensibilidad”), o también “intuiciones puras”. Vamos a ver que significan esas expresiones:

* Espacio y tiempo, formas a priori de la sensibilidad:
- FORMAS. Que el espacio y el tiempo son formas significa que no son impresiones sensibles particulares (colores, sonidos...), sino la forma o el modo como percibimos todas las impresiones particulares: los colores, los sonidos... son percibidos en el espacio y en el tiempo. O, de otra manera, la forma es aquello que hace que la “diversidad” de un fenómeno esté ordenada; ese orden y esa forma le viene impuesta por el propio sujeto de la percepción (que pone las condiciones de espacio y tiempo).
- A PRIORI. Ya sabemos lo que significa “a priori”: aquello que no procede de la experiencia, por tanto, espacio y tiempo no proceden de la experiencia, sino que la preceden, son condiciones que la hacen posible.
- SENSIBILIDAD. Es decir, del conocimiento sensible. Kant distingue entre “sensibilidad externa” (sensación) y “sensibilidad interna” (reflexión). La sensibilidad externa está sometida a ambas formas de espacio y tiempo (colores, sonidos... se perciben en el espacio y en el tiempo). La sensibilidad interna está solamente sometida a la forma del tiempo (nuestras vivencias, imaginaciones, recuerdos... se suceden unas a otras en el tiempo).

* Espacio y tiempo, intuiciones puras:
- INTUICIONES. Al afirmar que espacio y tiempo son intuiciones, Kant pretende subrayar que no son conceptos del entendimiento. En efecto, Kant piensa, siguiendo las nociones de la lógica, que los conceptos se caracterizan porque pueden ser aplicados a una multiplicidad de individuos (el concepto de “hombre” es aplicable a todos los individuos humanos). Sin embargo, el espacio y el tiempo son únicos, no hay más que un espacio y un tiempo; no hay una pluralidad de espacios y tiempos (como sí que hay pluralidad de hombres) sino partes de un espacio único e intervalos de un tiempo único que fluye sin cesar. Hay, además, una segunda razón para negar que espacio y tiempo sean conceptos extraídos de la experiencia. El concepto de hombre es el resultado de la abstracción de ciertos rasgos a partir de la observación empírica de diversos individuos humanos. El concepto de hombre se forma con posterioridad a la experiencia. Éste no puede ser el caso del espacio y el tiempo, ya que son condiciones de toda experiencia y, por tanto, anteriores a ella (a priori).
- PURAS. El término “puro” significa en Kant vacío de contenido empírico. El espacio y el tiempo son como dos coordenadas vacías en las cuales se ordenan las impresiones sensibles (colores, sonidos...). Es importante señalar que tanto a nivel de sensibilidad, en la Estética Trascendental, como a nivel de entendimiento, en la Analítica Trascendental, Kant observará que tanto para la representación de objetos como para la construcción de juicios, deben darse dos conjuntos de condiciones: una materia que no será dada, y una forma que será el conjunto de condiciones por las cuales nosotros podemos construir el objeto sensible o el juicio correspondiente. Ahora bien, esa forma será el conjunto de condiciones que, siendo independientes de la experiencia y de los objetos, hará posible la constitución de ellos (las condiciones de posibilidad de algo).
La síntesis o la unión de la materia y de la forma constituirán respectivamente la representación de fenómenos a nivel de la Estética y de juicios a nivel de la Analítica. Pero Kant, en cada una de sus dos sucesivas síntesis, no está interesado en la materia, sino en la forma, esto es, en el conjunto de condiciones que son a priori o puras y que constituyen la condición necesaria para construir algo al nivel correspondiente, porque la forma, por ser independiente y condición necesaria, es quien podrá otorgar universalidad y validez objetiva tanto a los fenómenos como a los juicios.
Vamos a ver, pues, cómo se realiza esa síntesis en el nivel de la Estética Trascendental:
Los sentidos nos dan datos del mundo exterior, datos que se reciben de cualquier modo y que nosotros captamos sin orden. Sin embargo, instantáneamente, los ordenamos al imponerles unas condiciones (de hecho: al captar los objetos externos ya lo hacemos ordenadamente).
“Percibir”, palabra que no utiliza Kant, es ordenar espacio-temporalmente los datos del mundo exterior. Toda percepción presupone una ordenación significativa de objetos; por eso, sin objetos no hay percepción posible, pero tampoco la hay si esos no están ordenados. Ahora bien, en el hecho de percibir, los datos de la sensibilidad y su ordenación se dan conjuntamente, simultáneamente (a la vez).
Las condiciones de la percepción son de naturaleza no empírica, y están en la receptividad de la naturaleza humana, que es quien les concede posibilidad de existencia significativa para el propio hombre. Exactamente, cuando percibo, recibo datos y los ordeno, confiriéndoles una forma organizada. Así, desde un primer momento, actúa la sensibilidad sobre la materia de la intuición sensible y la forma o estructura que se impone a la materia.
La materia son los datos de la sensibilidad, y la forma son las condiciones de percepción que posibilitan su organización. En la intuición sensible hay, pues, una síntesis (la unión de la materia y la forma en la sensibilidad) de datos empíricos u observaciones (recibidos por los sentidos) bajo unas condiciones a priori que hacen que lo particular tenga algo de necesario, y ése es el primer momento hacia el conocimiento: una unión de observaciones y de condiciones de su posibilidad. Así es como captamos el mundo exterior: uniendo los datos a su posibilidad de intuirlos (a priori). Nos dan algo y ponemos algo. Lo que ponemos es independiente de la experiencia y se aplica a ella, y lo que se nos da son los datos del mundo exterior; el resultado de todo ello es el mundo exterior en forma de experiencia sensible.
De este modo, las sensaciones del mundo exterior adquieren forma de objetos, pues lo a priori universaliza esas sensaciones, ya que las condiciones que hacen posible la intuición sensible (espacio y tiempo) son universales para todos los hombres y, por ello, validan necesariamente la experimentación al universalizarse y homogeneizarla. Todo dato se somete a las condiciones del espacio y del tiempo que no están en el objeto, sino en el sujeto que lo capta. Espacio y tiempo son condiciones humanas para la percepción y, por medio de ellas, ésta se universaliza, pero también son independientes del objeto sensible que se percibe.

Además de exponer las condiciones sensibles del conocimiento, Kant se ocupa en la Estética Trascendental del conocimiento matemático. A pesar de que las matemáticas no se hacen con los sentidos, sino con el entendimiento, Kant se ocupa de ellas en este momento porque piensa que la posibilidad de los juicios sintéticos a priori en Matemáticas depende, precisamente, de que el espacio y el tiempo son [3]intuiciones puras. El razonamiento que Kant da al respecto es el siguiente:
La geometría y la aritmética se ocupan respectivamente del espacio y del tiempo. Que la geometría se ocupa de determinar las propiedades del espacio no parece, en principio, difícil de admitir. Vamos a verlo: ¿es posible concebir un trozo de espacio sin nada, un vacío total? Efectivamente; pero ¿es concebible lo contrario, es decir, un cuerpo, una figura geométrica sin espacio? No, en absoluto. Esto nos demuestra que el espacio es una condición universal y necesaria para la posibilidad de las representaciones espaciales (o geometría), pero también nos dice Kant que es independiente de las figuras, puesto que podemos concebir un espacio sin ellas.
Pero suponiendo que nunca hubiéramos imaginado el espacio: ¿podríamos pensar cómo es? Si respondemos afirmativamente, es porque aceptamos que el espacio es una idea innata, cosa que Kant no acepta. El espacio no se piensa; el espacio se capta en nuestro contacto con las cosas; el espacio es una intuición, es decir: lo consideramos como una condición previa a la existencia de la geometría. Esto es una intuición a priori.
Pero si es una intuición, ¿cómo puede ser universal y necesaria? Todas mis percepciones suponen un lugar y distanciamiento que sin él no serían posibles, por lo tanto, la posibilidad de mi intuición presupone un espacio donde todo ello puede ocurrir. Por eso, el espacio es la condición de la posibilidad de la intuición, pero de una manera universal y necesaria.

Ahora bien, que la aritmética tenga que ver con el tiempo resulta, al menos, un poco extraño. Desgraciadamente, no podemos desvincular el tiempo del movimiento, ya que el movimiento es, precisamente, un espacio recorrido en un tiempo. El tiempo es una sucesión continua, y esa sucesión temporal implica los números, pero ¿qué son los números? No son nada concreto: los números son los nombres de la sucesión temporal; por eso, al contar, al numerar sólo nos estamos ocupando del tiempo. El tiempo, por lo tanto, es una condición de la sucesión y de los números. Y ¿cuál es la ciencia de los números? La aritmética. Así que es la aritmética la que se encarga de estudiar las relaciones entre los números, y precisa de un tiempo que exprese sucesión. No puede, pues, haber aritmética si previamente no se le presupone un tiempo. De ahí que el tiempo sea una condición a priori de la aritmética.

Así pues, sin espacio no hay geometría, y sin tiempo no hay aritmética; pero también sin espacio y tiempo tampoco hay posibilidad de representarse los objetos y elaborar la experiencia.

Ya para acabar, podemos decir que las matemáticas pueden formular juicios sintéticos a priori porque el espacio y el tiempo son intuiciones puras, a priori:
- Las matemáticas formulan juicios acerca del espacio y el tiempo; ahora bien, el espacio y el tiempo son condiciones previas, independientes de toda experiencia particular, luego los juicios de las matemáticas son independientes de toda experiencia particular, es decir, a priori.
- Las matemáticas formulan juicios acerca del espacio y el tiempo; ahora bien, todos los objetos de nuestra experiencia se dan en el espacio y en el tiempo y, por tanto, cumple las condiciones de universalidad y necesidad.

" 5.2. LA ANALÍTICA TRASCENDENTAL

Una vez analizada la manera como construimos sensiblemente los objetos del mundo exterior, Kant da un paso adelante y nos eleva al nivel del entendimiento, en donde procedemos a establecer juicios en base a los fenómenos sensibles y particulares, con el propósito de establecer las proposiciones científicas.
El problema que analiza aquí Kant es el de hacernos ver cómo es posible obtener leyes universales sobre la naturaleza a partir de un conjunto limitado de fenómenos. Y esto lo vamos a estudiar en dos partes: por una parte, un estudio del entendimiento en cuanto a facultad de los conceptos, de los principios y, por otra parte, un estudio sobre la posibilidad de los juicios sintéticos a priori en la Física.

A) El conocimiento intelectual: las condiciones intelectuales del conocimiento

La sensibilidad nos sitúa frente a una multiplicidad de fenómenos, frente a una multiplicidad de impresiones en el espacio y el tiempo. Ahora bien, percibir tal multiplicidad de fenómenos (colores, formas, sonidos...) no es, sin más, comprenderlos. Si el percibir es la función propia de la sensibilidad, el comprender lo percibido es la función propia del entendimiento. De ella se ocupa Kant en la Analítica Trascendental que aquí vamos a resumir en los siguientes puntos:

A1. La función de comprender o entender se realiza mediante conceptos. Supongamos que estamos viendo cualquier objeto que nos es familiar, una casa, por ejemplo. Nuestros sentidos nos ofrecen ciertas impresiones sensibles (colores, formas...) aquí y ahora. Si alguien nos pregunta qué estamos viendo, diremos que vemos una casa. El concepto de casa constituye, pues, la clave que nos permite comprender e interpretar esas percepciones sensibles. Supongamos ahora que, por el contrario, se presenta ante nuestros ojos algo extraño que en nada se parece a cuanto hemos visto en nuestra vida. Percibiremos también, como en el caso anterior, impresiones sensibles (colores, formas...) aquí y ahora. Si alguien nos pregunta qué estamos viendo, no podremos contestar: nos falta un concepto en que encajar esas impresiones sensibles.
Estos dos ejemplos nos muestran como nuestro conocimiento incluye conceptos además de percepciones sensibles. Nos muestran que comprender los [4]fenómenos es poder referirlos a un concepto: esto es una casa, esto es un árbol... Cuando no podemos referir las impresiones sensibles a un concepto, nuestra impresión de aquellas queda bloqueada, resulta imposible. Pero podemos observar que esta actividad de referir los fenómenos a los conceptos se realiza siempre a través de un juicio: esto es una casa, esto es un perro... El entendimiento puede ser considerado, pues, como la facultad de los conceptos, o bien la facultad de los juicios, la facultad de juzgar.
A2. Es necesario distinguir dos tipos de conceptos totalmente distintos, los conceptos empíricos y los conceptos puros o [5]categorías.
Los conceptos empíricos son aquellos que proceden de la experiencia (son a posteriori). Son, por ejemplo: “casa”, “perro”, “mamífero”, que son conceptos extraídos de la experiencia, a partir de la observación de las semejanzas y rasgos comunes a ciertos individuos.
A parte de los conceptos empíricos, el entendimiento posee, según Kant, ciertos conceptos que no proceden de la experiencia y son, por tanto, a priori. Estos conceptos puros o categorías son doce, y Kant estaba completamente seguro de haber hallado cuántos y cuáles, ya que los había descubierto, en su opinión, por un procedimiento riguroso e infalible. La función fundamental del entendimiento es formular juicios, unificar y coordinar los datos de la experiencia sensible por medio de juicios. Pues bien, pensaba Kant, habrá tantas maneras de unificar los datos de la experiencia, tantos conceptos puros, como formas posibles de juicio. Con esta idea en la mente, Kant recurrió a la lógica y encontró que los juicios pueden ser: a) Universales, particulares y singulares, atendiendo a la cantidad; b) afirmativos, negativos e indefinidos, atendiendo a la cualidad; c) categóricos, hipotéticos y disyuntivos, atendiendo a la relación; y d) problemáticos, asertóricos y apodícticos, atendiendo a la modalidad. Doce son, pues, las categorías o conceptos puros:



C L A S E S D E J U I C I O S
C A T E G O R Í A S


Cantidad


Universal: “todo hombre es racional”
Particular: “algunos hombres son negros”
Singular: “Juan es negro”


Unidad
Pluralidad
Totalidad


Cualidad

Afirmativo: “los hombres son racionales”
Negativo: “algunos alumnos no son estudiosos”
Indefinido: “ningún hombre es reptil”


Realidad
Negación
Limitación


Relación

Categórico: “los animales son seres vivos”
Hipotético: “si son hombres, entonces son racionales”
Disyuntivo: “Juan es estudiante o profesor”


Inherencia y subsistencia
Causalidad y dependencia
Comunidad (acción recíproca entre agente y paciente)



Modalidad

Problemáticos: “es posible que Juan sea estudiante”
Asertóricos: “Juan es estudiante”
Apodícticos: “los seres racionales son hombres”


Posibilidad - imposibilidad
Existencia - no existencia
Necesidad – contingencia

El descubrimiento de los conceptos puros a partir de la clasificación de los juicios, es denominado por Kant “deducción metafísica de las categorías”.

A3. Los conceptos puros son condiciones trascendentales necesarias de nuestro conocimiento de los fenómenos.
Esto significa que el entendimiento no puede pensar los fenómenos si no es aplicándoles estas categorías y, por tanto, los fenómenos no pueden ser pensados si no son pensados de acuerdo con las categorías.
Tomemos un juicio cualquiera, por ejemplo: “todos los nativos del pueblo X miden más de 1,90m”. El conocimiento sensible nos ofrece una pluralidad de figuras, formas, movimientos, colores... El entendimiento, al formular este juicio, coordina, unifica estas impresiones sensibles aplicando ciertas categorías: puesto que es un juicio general (según su cantidad), el entendimiento aplica la categoría de unidad; los individuos en cuestión aparecen unificados como “nativos del pueblo X”, puesto que es un juicio afirmativo (según su cualidad), el entendimiento aplica la categoría de realidad: la altura en cuestión es algo que realmente les pertenece; puesto que es un juicio categórico (según la relación), el entendimiento aplica la categoría de sustancia: los habitantes de este pueblo son concebidos como sustancia y su notable estatura es concebida como una propiedad suya; puesto que, en fin, es un juicio asertórico (según su modalidad) el entendimiento aplica la categoría de existencia: la estatura de los nativos del pueblo X está ahí, es un hecho que se impone a nuestra inspección y observación.
Como se ve en el ejemplo anterior, los objetos y sus relaciones son ya el resultado de haber aplicado esas categorías, que son las que nos han hecho significativos los distintos fenómenos. Y esto quiere decir que construimos la realidad y la hacemos inteligible a nuestras dimensiones y capacidades de conocer. Es decir, el conocimiento no es algo que se impone al hombre, sino que, muy al contrario, los objetos del conocimiento son precisamente resultado de las facultades que tenemos para elaborarlo. El conocimiento no es, ni más ni menos, que el modo como recomponemos racional e inteligiblemente la realidad exterior, tendiendo en cuenta que nosotros somos los que conocemos y que, por tanto, hacemos que las cosas se hayan de someter a nuestra capacidad y posibilidad de conocerlas. Esto es el giro copernicano a través del entendimiento, y es lo que llama Kant deducción trascendental de las categorías.

Los conceptos puros o categorías son vacíos. Así como el espacio y el tiempo han de llenarse con las impresiones sensibles, las categorías han de llenarse con los datos procedentes del conocimiento. Esto implica que las categorías solamente sean fuente de conocimientos aplicadas a los fenómenos; no pueden aplicarse válidamente a realidades que estén más allá de la experiencia.
A4. Ampliando un poco más el punto anterior, cabe decir que una vez expuestas las categorías y su “funcionamiento” es necesario hablar de por qué éstas son las que son, es decir, por qué los modos a priori de la experiencia posible son necesarios y universales; y, por otro lado, cómo es posible que éstas categorías actúen sobre los fenómenos.
Para responder a esta cuestión, Kant se ve obligado a demostrar esas categorías mediante una deducción. Las categorías no pueden demostrarse a partir de la sensibilidad (empíricamente); tampoco se pueden deducir desde el puro pensamiento (desde una lógica formal): su deducción tiene que ser [6]trascendental. El principio en que se basa la deducción trascendental de las categorías es lo que Kant llama la [7]unidad sintética de apercepción (o unidad de apercepción). Ésta consiste en el hecho de percibirnos a nosotros mismos a partir de la combinación de toda la diversidad de mis representaciones y de su unificación. Ese acto de unificación es un acto espontáneo del entendimiento, consecuencia del propio sentido interno (es decir, de la percepción en el tiempo). En otras palabras, la unidad sintética de apercepción significa que, a la vez que percibo los fenómenos en un orden espacial y temporal determinado, soy consciente de cómo los voy percibiendo, es decir, de cómo voy siendo afectado por esa percepción. Y es que, según Kant, todas las representaciones van acompañadas por esa apercepción por la cual el sujeto se da cuenta de cómo va siendo afectado o codificado por esas representaciones. Ese sentirse afectado o modificado es propio del sentido interno cuya intuición es el tiempo; por el contrario, el sentido externo es el espacio.
La representación de esa unidad sintética, de esa unidad de conciencia, proporciona una identidad, un yo. A diferencia de Descartes, Kant afirma que la conciencia de sí mismo siempre es derivada de la conciencia que tenemos de nuestras representaciones de las cosas (de los objetos). Para Descartes el conocimiento del yo era previo al conocimiento de las cosas (y más cierto), sin embargo Kant demuestra que ese conocimiento del yo no es más que la representación de la conciencia, del darnos cuenta de cómo tenemos y estamos sintetizando esas representaciones, esos objetos (cómo estamos conociéndolos).
La representación de la conciencia por parte del entendimiento le permite a Kant presentar las categorías como reglas a priori, necesarias, por las cuales sintetizamos y determinamos el contenido de nuestra sensibilidad.

Pero entonces, ¿cómo es posible aplicar las categorías a los fenómenos? ¿Cómo es posible que las categorías subsumen a los fenómenos? Y es que yo no puedo aplicar la categoría que me parezca ante los fenómenos que yo quiera, sino que estoy obligado a aplicar unas, y no otras, ante determinados fenómenos. Esto se debe a que hay una homogeneidad entre el objeto (y el fenómeno) con el concepto en el que lo englobamos y por el que lo conocemos. Ese factor homogéneo es el tiempo. El tiempo es la condición formal del fenómeno (es condición para que exista el fenómeno) y es el modo a través del cual el sujeto se va modificando al representarse el fenómeno. La manera de sintetizar mis representaciones del fenómeno y, por tanto, de conocer el objeto, viene dada por las reglas del entendimiento, según las cuales tomo conciencia de mí mismo.
La vinculación entre el objeto (categoría) y el fenómeno (lo que representa) es representada a través de un esquema. Así, el esquema sería la representación del procedimiento mediante el cual suministramos una imagen a un concepto, es decir, la representación (o imagen) que me permite reconocer un concepto. Mediante los esquemas representamos la forma como el tiempo determina mi representación de los fenómenos y mi propia apercepción.
Las categorías (o conceptos puros del entendimiento) no representan a las imágenes en general de los objetos, sino a las relaciones, cualidades, modos o magnitudes bajo las que se puede dar y conocer un objeto. Tales formas de síntesis están determinadas por los aspectos en que se da el tiempo; las categorías me suministran las formas necesarias como puede sintetizar una conciencia sus representaciones. Esa síntesis o conexión de representaciones está determinada por los modos del tiempo en que se perciben. De esta manera, los distintos tipos de categorías se corresponden con distintos fenómenos en virtud de la manera de determinarla tanto a unos como a otros en el tiempo.
Un concepto puede englobar a un fenómeno porque el tipo de síntesis que hacemos (que hace la imaginación) al representarse el fenómeno es el mismo que se hace el entendimiento al construir el concepto, por ejemplo, de perro; es el mismo tipo de síntesis que tiene que hacer la imaginación para dibujar un perro (o algo que tenga que ver con el concepto de perro). Esa homogeneidad es lo que llamamos esquema, y es lo que hace posible englobar un fenómeno dentro de un concepto.
Los conceptos del entendimiento o categorías no representan fenómenos concretos (ya lo hemos dicho), sino la forma que tienen de darse y de relacionarse. Las categorías lo que hacen es ordenar los fenómenos. La síntesis que hace la imaginación al representarse el modo de darse los fenómenos es homogénea a la síntesis que hace el entendimiento para construir la categoría correspondiente. Esa correspondencia de síntesis es una correspondencia temporal, y el esquema, pues, que la representa es una determinación temporal (es un esquema temporal).
Todos los principios o leyes que me permiten conocer las cosas (los objetos) vienen dados por la aplicación de las categorías a los fenómenos y, por tanto, por los modos de éstos de percibir a través del tiempo. Son 3 los modos en los que una cosa u objeto existe en el tiempo:
- La permanencia;
- la sucesión;
- la simultaneidad.

Estos 3 modos de determinar un fenómeno en el tiempo se basan en nuestra propia apercepción, es decir, en nuestra manera de representarnos los fenómenos y de ser conscientes de nuestras representaciones de esos fenómenos.
Tales esquemas actúan como reglas que me permiten determinar (y buscar) los fenómenos de la experiencia, y hacen posibles los “principios” básicos del conocimiento:
- La permanencia, según la cual en todo cambio hay siempre algo que permanece;
- la causalidad, según la cual los cambios tienen lugar según las leyes de causa-efecto;
- la acción recíproca, según la cual los objetos (o cosas) se hallan en relaciones mutuas, de manera que a toda acción le corresponde otra proporcional a ella (choque de dos cuerpos: 3º ley del movimiento de Newton).

B) Posibilidad de los juicios sintéticos a priori en la Física

Los principios fundamentales en que se basa la Física son, según Kant, juicios sintéticos a priori. Para razonar esto, tomemos como ejemplo el principio de causalidad y veamos cómo, siendo sintético, puede ser a priori:
- El principio de causalidad está basado en la categoría de causa. Ahora bien, la categoría de causa es un concepto puro que no proviene de la experiencia, sino que es previo a la experiencia a la cual se aplica. Luego, la validez del principio de causalidad no depende de la experiencia, sino que precede a ésta. Es, por tanto, a priori.
- Como ya hemos dicho antes, los fenómenos sólo pueden ser conocidos por el entendimiento si éste les aplica las categorías. Por tanto, las categorías se aplican a todos los fenómenos que el entendimiento conoce; así, el principio de causalidad será aplicable a todos los fenómenos que el entendimiento conoce. Es, por tanto, estrictamente universal y necesario.

C) El idealismo trascendental: fenómeno y noúmeno

Las categorías no son aplicables más allá de la experiencia, más allá de lo dado en el espacio y en el tiempo. Lo dado, lo intuido en el espacio y en el tiempo se denomina “fenómeno” (lo que aparece o se muestra al sujeto). Ahora bien, la idea misma de algo que aparece implica, correlativamente, la idea de algo que no aparece, la idea de algo en sí. El objeto, en tanto que aparece y es conocido, se denomina fenómeno, y el correlato del objeto, considerado al margen de su relación a la sensibilidad, lo denomina Kant “cosa en sí” o “noúmeno”.
La distinción entre fenómeno y noúmeno es fundamental en el sistema kantiano. Al tratar acerca de esta cuestión en la Crítica de la Razón Pura Kant distingue dos sentidos del concepto de noúmeno: un concepto negativo y otro positivo. Negativamente, “noúmeno significa una cosa en la medida en que no puede ser reconocida por medio de la intuición sensible”; positivamente, significa un “objeto que puede ser conocido por medio de la intuición no sensible”, por tanto, por medio de la intuición intelectual. Ahora bien, puesto que carecemos de intuición intelectual y solamente poseemos intuición sensible, nuestro conocimiento se halla limitado a los fenómenos y, por consiguiente, el concepto de noúmeno queda como un concepto negativo, como límite de la experiencia, como límite de lo que puede ser conocido. No hay conocimiento de las cosas en sí, de los noúmenos; el acceso a las cosas en sí no se halla en la Razón Teórica, sino en la Razón Práctica.
La distinción entre fenómeno y noúmeno permite comprender por qué Kant denomina a su doctrina “idealismo trascendental”. Esta formación de idealismo consiste en la afirmación de que el espacio, el tiempo y las categorías son condiciones de posibilidad de experiencia, de los fenómenos, y no propiedades de las cosas.

" 5.3. LA DIALÉCTICA TRASCENDENTAL

La razón es la facultad con la que se da unidad a todos los conocimientos del entendimiento, subordinándolos a reglas y sintetizándolos hasta llegar a un [8]principio incondicionado. La razón tiende a unificar los conocimientos en un principio incondicionado. Si bien, esa síntesis que efectúa la razón no se hace en referencia a los objetos de la experiencia (sensibilidad) sino refiriéndose a las reglas del entendimiento; por lo tanto, nunca podrá proporcionar un conocimiento de objetos propiamente dicho (nos dará “instrucciones” para ordenar un conocimiento, pero no un conocimiento).
Para Kant, el error fundamental de la Metafísica tradicional es atribuir realidad, existencia, a los 8conceptos puros de la razón, a las 8ideas. Tales ideas son producto de esa “unificación” y tienen un carácter regulativo (no constitutivo) de nuestro conocimiento de los conceptos. Veamos seguidamente, y paso a paso, el error que ha cometido la Metafísica:
En la Analítica Trascendental se han visto cuáles son las condiciones, posibilidades y límites de lo que podemos considerar como conocimiento científico. En base a ello, lo que tenga relación con la sensibilidad condicionada espacio-temporalmente y constituido, por lo tanto, como fenómeno, será objeto de conocimiento científico. Así pues, la pretensión de la Metafísica tradicional carece de toda posibilidad de ser ciencia, pues ha hecho que sus objetos de estudio sean establecidos y considerados más allá de la sensibilidad. Sin embargo, que la Metafísica tradicional no sea una ciencia no significa que:

— No sea algo que no cumpla ningún tipo de función; esto es, que no tenga ningún otro tipo de realidad.
— No tenga ningún otro fundamento.
Pero este nuevo planteamiento fundamentado de la Metafísica no resulta ser el objetivo kantiano de la Dialéctica Trascendental, sino que en ella Kant se ocupa de demostrar con detenimiento la imposibilidad científica de sus pretensiones. Sin embargo, esto no quiere decir que la Metafísica vaya a desaparecer. Los problemas metafísicos persisten por una sencilla razón: no sólo es científica la actitud y conocimiento humanos; existen muchas otras áreas que constituyen otros tipos de conocimientos y que resultan tan importantes e imprescindibles como el conocimiento científico, y que Kant denomina de modo genérico: Razón Práctica. Así pues, la ética y el hombre serán el punto de apoyo para la nueva fundamentación de las ideas metafísicas.
La Metafísica –entendida como un conjunto de proposiciones o juicios acerca de realidades que están más allá de la experiencia– es imposible, ya que las categorías sólo pueden usarse legítimamente en su aplicación a los fenómenos, a lo dado en la experiencia.
La aplicación de las categorías más allá de la experiencia es, lógicamente, ilegítima, y da lugar a errores, a ilusiones. La Metafísica ha caído en la trampa de la ilusión al pretender unos conocimientos que están más allá de la sensibilidad; ha errado al pretender alcanzar y conocer cosas que no son fenómenos, sino noúmenos (cosas en sí): ha caído en la llamada ilusión trascendental. La misión de la Dialéctica consiste en mostrar cómo tales errores o ilusiones provienen de pasar por alto la distinción entre fenómeno y noúmeno.
Los objetos de los que la Metafísica tradicionalmente se ha ocupado –Alma, Dios y Mundo– si los examinamos cuidadosamente, resulta que nunca tenemos una intuición sensible ni pura de ninguno de ellos. Pero resulta que el hombre ha actuado como si en realidad sí que tuviera intuiciones sensibles de estos objetos: ¿por qué los hombres han cometido con frecuencia este abuso? Los hombres tenemos la facultad de hacer juicios y síntesis, y esta facultad existe independientemente de la experiencia. Cuando esa facultad se aplica a objetos que no son de la experiencia, es cuando aparece la ilusión metafísica. Al no tener el límite de la experiencia, la razón sigue y sigue realizando síntesis ulteriores que no podía hacer si se atuviera a las condiciones de la experiencia. Y el cometer este abuso parece que es una tendencia inevitable de acuerdo con la naturaleza misma de la razón. La razón tiende a la búsqueda de lo incondicionado, y de ahí que tienda inevitablemente a extender su conocimiento más allá de la experiencia, a hacerse preguntas y formular respuestas acerca de Dios, del alma y del Mundo como totalidad.
Veamos un ejemplo de este modo de proceder de la razón: imaginemos un encadenamiento de sucesivos silogismos en los que cada premisa mayor de uno de ellos sea, a su vez, la conclusión de otro anterior y más genérico, hasta llegar a un silogismo primero que sería el origen de todo encadenamiento posterior:

1- Todos los hombres son mortales;
todos los estudiosos son hombres.
Luego todos los estudiosos son mortales

2- Todos los animales son mortales;
todos los hombres son animales.
Luego todos los hombres son mortales

3- Todos los seres vivos son mortales;
todos los animales son seres vivos.
Luego todos los animales son mortales
Etc...
Como se ve, la razón busca encontrar juicios cada vez más generales, capaces de subsumir una multiplicidad de juicios particulares, sirviendo a éstos de fundamento. La razón es, pues, de tal naturaleza que tiende a encontrar juicios, leyes, hipótesis cada vez más generales y que abarquen y expliquen un mayor número de fenómenos. Así se construye la ciencia.

Kant da el nombre de ideas a esos abusos de la razón sintetizadora; las ideas son lo incondicionado como resultado del uso especulativo de la razón al haberse trascendido posibilidad y condición de la experiencia.
A cada una de las ideas de la razón Kant dedica un apartado específico. Los abusos con respecto al alma los expone al hablar de los paralogismos de la razón; los del mundo cuando habla de las antinomias de la razón; y los de Dios en los argumentos teológicos. Pues bien, estas 3 ideas fundamentales de la razón, que son producto de esa ilusión trascendental antes señalada, son consecuencia de [9]inferencias sofísticas (erróneas, falaces).

v La primera de ellas, la de alma (o yo) es resultado de considerar al sujeto como una unidad incondicionada; es decir, el yo sería el resultado de aplicar las categorías directamente al sujeto de conocimiento. El error consiste en que se toma la unidad de conciencia (base de las categorías) por un objeto, y se le aplica la categoría de sustancia.
v La segunda de ellas, la de mundo, es resultado de considerar toda la diversidad de fenómenos como una unidad incondicionada. Y es que la consideración del mundo como una cosa en sí misma y/o una sustancia nos lleva a afirmaciones contradictorias igualmente demostrables, que son las [10]antinomias. Kant expone tres, veamos al menos en qué consiste la primera: se puede afirmar que el universo tiene un principio en el tiempo y límites en el espacio, pero también que el universo es infinito en el tiempo y en el espacio. El problema reside, según Kant, en que consideramos al espacio y al tiempo como realidades en sí mismas.
v La tercera y última idea de la razón es la de Dios, que es resultado de unificar todo en un solo principio. En este apartado, Kant refuta la prueba cosmológica acerca de la existencia de Dios, según la cual éste sería una causa “incausada”, pues no está justificada (desde la lógica trascendental) la aplicación de la categoría de existencia y de sustancia a algo determinado por las condiciones del espacio y el tiempo.
Por otra parte, Kant refuta el argumento ontológico afirmando que con la existencia manifiesta en el verbo “ser” no estamos conociendo nada a propósito del sujeto del que predicamos ese ser; es decir, la existencia (“real”) conllevaría ligar el objeto del que hablamos con el contenido de nuestra experiencia. No puedo hacer ningún juicio de conocimiento (de experiencia) acerca de Dios.

Refutadas estas ideas de la razón como resultado de inferencias sofísticas, Kant nos ha demostrado en la Dialéctica Trascendental cómo la Metafísica no proporciona conocimiento puesto que no puede generar juicios sintéticos a priori.

CONCLUSIÓN

Pero aunque la Metafísica es imposible en el ámbito de la razón, ésta es posible y apodíctica (necesaria) en el ámbito práctico –la pregunta ¿qué puedo conocer? no es la única–. Las ideas de la razón tienen como utilidad ordenar los pensamientos, regular los principios del entendimiento y, por tanto, del conocimiento, aunque no puedan producirlo por ellas mismas ni ampliar su campo de objetos.
La Metafísica entra en el campo de la fe racional, de este modo, aunque se le ha quitado su pretendido carácter de ciencia, ésta ha quedado fundamentada de un modo intachable para cualquier proceso científico ulterior.
Ya para acabar, podemos decir que Kant considera a la Metafísica como una disposición natural. Bajo esta denominación, entendemos la Metafísica como un peculiar saber, tan arraigado en la estructura racional del ser humano, que le resulta casi imposible prescindir de él. Los objetos de ese saber son los eternos interrogantes que han agobiado al hombre desde su origen: Dios, libertad e inmortalidad. De ahí las continuas tentativas para solucionar tan intrincados problemas, aunque para ello la razón haya tenido muchas veces que alejarse de la experiencia y perderse en sus propias falacias. Jamás, pues, podrá el hombre escaparse a su hechizo, y aunque muchas veces intente apartarse, “volverá siempre a ella como a una amada con la que ha tenido una desavenencia”.

BIBLIOGRAFÍA

- Apuntes de clase - IES Cotes Baixes, Alcoy (Alicante), 2002
- La respuesta de Kant al problema de la Metafísica, acad. filosofía Polop.
- “Lecciones preliminares de filosofía”, Manuel García Morente (Ed. Porrúa).


David Ivorra Buades
davidivorra@hotmail.com



[1] Newton quiere otorgarles una entidad real, algo que convierta estos conceptos en consistentes pues, de lo contrario, sería manifiesta la contradicción entre el carácter fundamentalmente de la experiencia y la existencia de dos conceptos fundamentales en el sistema, sin un objetivo en el que sustentarse.
[2] Un juicio es, según Kant, “el acto por el cual unimos una serie de representaciones y nos permite tener un conocimiento mediato de un objeto”.
[3] Una intuición es, según Kant, “el modo por medio del cual el conocimiento se refiere inmediatamente a los objetos”; se trata de una representación inmediata de los objetos. Son una propiedad formal del sujeto (el sujeto las pone).
[4] Un fenómeno se convierte en objeto cuando se le aplican las categorías.
[5] Las categorías son los distintos modos a priori de considerar un objeto; nos indican los distintos modos como podemos organizar nuestras representaciones para referirnos a un objeto. Son representaciones de síntesis posibles (de representaciones).
[6] Trascendental significa en Kant “que hace posible el conocimiento”.
[7] La unidad sintética de apercepción consiste en que en toda representación se da, a la vez, un conocimiento automático del propio sujeto de conocimiento, de manera que la síntesis de representaciones del fenómeno se corresponde con la síntesis de modificaciones que sufre ese sujeto en el proceso por el que conoce los objetos. Y a esa representación del darme cuenta de lo que me está pasando cuando estoy conociendo algo se le llama “yo”. Ese “yo” como representación del entendimiento es lo que determina a priori el conocimiento del objeto; el yo sólo es posible ya que se deriva del conocimiento de los objetos.
[8] Principio incondicionado = concepto puro de la razón = idea.
[9] Las inferencias sofísticas consisten en deducir a partir de cosas conocidas algo de lo que no tenemos concepto y a lo que concedemos, equivocadamente, realidad objetiva.
[10] Kant entiende por antinomia la relación de dos proposiciones negativas la una de la otra, y aun exclusivas entre sí, que son afirmadas por la razón con justificantes iguales o al menos que así lo parecen. Cada antinomia se compone de una tesis, que expresa la exigencia ideal de la razón especulativa, y de una antítesis, que se opone a aquélla por medio de límites inherentes al conocimiento sensible.

lunes, 10 de marzo de 2008

PRESENTACION DE KANT

Estudiantes de grado décimo del Colegio Minuto de Dios:

Reciban un cordial saludo de parte de su profesor. Les solicito mirar esta presentación de la filosofía crítica o Idealismo trascendental haciendo "click" en esta página

http://www.slideshare.net/minervagigia/immanuel-kant

, y luego pueden medir su nivel de comprensión respondiendo de manera perfecta el cuestionario de la siguiente página:

http://www.paginasobrefilosofia.com/html/kantpre/Critica/Cuestionarios/TestPrologo2ª/testpro2.html

Sin duda, estos ejercicios nos ayudarán a obtener un resultado sobresaliente en el examen del periodo.

Muchas gracias, ánimo y adelante!!!!!!

Suyo,


Fernán

FILOSOFIA DE HEGEL

Georg Wilhelm Friedrich Hegel

Indice

1. Introducción
2. Vida Y Obra
3. La Dialéctica
4. La filosofía de la historia
5. Conclusión

1. Introducción

Hegel (1770-1831) es el punto culminante del idealismo alemán. Con un portentoso dominio del saber y con una profundidad inigualable, Hegel emprende la empresa de mostrar el ser en su totalidad. La filosofía de Hegel es, pues, un idealismo absoluto.

Después de Hegel, se producirá un brusco viraje del idealismo al materialismo. La izquierda hegeliana transfor­mará la grandeza del espíritu por la realidad concreta de la materia.
Después de que Kant (1724-1804) expusiera su programa filosófico, toda la filosofía posterior tenía, inevitablemente, que partir de él. Kant era el punto de referencia inevitable, pero, a la vez, también era superar algunas de sus ideas en algunos puntos. Será Hegel el que logre superar el sistema de pensamiento kantiano.

Hegelianismo

Doctrina filosófica de Hegel, o pensamiento influido por este autor. Entre los hegelianos se distingue el ala derecha, ortodoxa o tradicional, que insiste en los rasgos nacionalistas y concibe el Estado como la síntesis perfecta entre lo privado y lo público, al tiempo que cultiva la visión teológica de las teorías de Hegel, y la izquierda («jóvenes hegelianos»), para la cual la religión aparece superada por la filosofía, y que se interesa en particular por el método dialéctico aplicado a la realidad (materialismo dialéctico); en esta última corriente se destacan autores como D. Strauss, B. Bauer, L. Feuerbach, K. Marx y F. Engels.

2. Vida Y Obra

Nacido en Stuttgart el 27 de agosto de 1770, hijo de un funcionario de la hacienda pública, Hegel creció en un ambiente de pietismo protestante y estudió a los clásicos griegos y latinos mientras estuvo en el gymnasium de su ciudad natal. Animado por su padre para que se hiciera pastor protestante, en 1788 ingresó en el seminario de la Universidad de Tubinga, donde entabló amistad con el poeta Friedrich Hölderlin y el filósofo Friedrich Wilhelm Joseph von Schelling, de significada filiación romántica, compartiendo con ellos su entusiasmo por la Revolución Francesa y la antigüedad clásica. Después de completar un curso de Filosofía y Teología, y decidir que no quería seguir la carrera religiosa, en 1793 comenzó a ejercer como preceptor en Berna (Suiza). En 1797 consiguió un cargo similar en Frankfurt, pero dos años más tarde su padre falleció, dejándole un legado cuya cuantía económica le permitió abandonar su trabajo como tutor.
En 1801 se trasladó a la Universidad de Jena, donde estudió, escribió y logró un puesto como profesor. Allí concluyó la Fenomenología del espíritu (1807), una de sus obras más importantes. Permaneció en Jena hasta octubre de 1806, cuando la ciudad, en el transcurso de las Guerras Napoleónicas, fue ocupada por las tropas francesas, por lo que se vio obligado a huir. Desde 1807 hasta 1809, una vez agotadas las rentas que le había proporcionado la herencia paterna, trabajó como redactor en el periódico Bamberger Zeitung de Baviera. Sin embargo, el periodismo no le agradó y en 1809 se trasladó a Nuremberg donde fue director de un gymnasium durante ocho años.
Durante los años que residió en Nuremberg, Hegel conoció y contrajo matrimonio con Marie von Tucher, de quien tuvo tres hijos: una niña (que murió al poco de nacer) y dos varones (Karl e Immanuel). Antes de su matrimonio, Hegel había tenido un hijo ilegítimo (Ludwig) que acabaría viviendo en el hogar de los Hegel. Después de haber trabajado en su redacción durante siete años, publicó en Nuremberg otro de sus más afamados escritos, Ciencia de la Lógica (1812-1816). En 1816 aceptó la cátedra de Filosofía en la Universidad de Heidelberg y, poco después, publicó de forma sistemática sus pensamientos filosóficos en su obra Enciclopedia de las ciencias filosóficas (1817). En 1818 ingresó en la Universidad de Berlín, institución en la cual expuso y enseñó el conjunto de su pensamiento hasta su fallecimiento, ocurrido en esa misma ciudad el 14 de noviembre de 1831.
La última gran obra publicada por Hegel fue La filosofía del Derecho (1821), aunque algunas notas de sus conferencias y clases, junto con apuntes de sus alumnos, fueron también publicadas después de su muerte. En el conjunto de estos trabajos (conocido por el nombre genérico de Lecciones o Lecciones de Berlín) se encuentran Estética (1832), Lecciones sobre filosofía de la religión (1832), Lecciones de historia de la filosofía (1833-1836) y Lecciones de filosofía de la historia (1837).
Muy influido por las ideas de los grandes pensadores griegos, también conoció las obras del holandés Baruch Spinoza, del escritor francés Jean-Jacques Rousseau y de los autores alemanes Immanuel Kant, Johann Gottlieb Fichte y Schelling. Aunque muchas veces sus teorías discreparon de las de los mencionados pensadores, la influencia que ejercieron sobre él es evidente en sus escritos.
La filosofía de Hegel surge estrechamente vinculada con la situación social, cultural y filosófica de su tiempo, a la vez que es una respuesta racional a los problemas plan­teados por esa situación.


El Marco Histórico – Social
La filosofía de Hegel supone una lucha por la falta de la libertad y de la razón. A su juicio, la situación histórico – social en que vivía estaba necesitada de una mayor libertad.

La Situación de Alemania.

La guerra de los Treinta Años dejó a Alemania atrasada tanto política como económicamente. No existía un estado moderno, sino un estado carente de justicia centralizada y fundamentado sobre un despotismo feudal. Además, el cam­pesinado aún era muy numeroso, la industrialización era mínima y carecía de una clase media poderosa que pudiese transformar ese estado de cosas.
Alemania no era un Estado. La libertad estaba sometida y la censura atenazaba la libertad de expresión. Se atacaba la cultura y todo lo que significaba "ilustración".
Hegel vivió la Alemania de su tiempo como un ataque a sus aspiraciones democráticas y a la libertad, y concibió la necesidad de un Estado moderno y racional. Era preciso también, pues, una idea o concepto de Estado racional.

El Ideal de la "Polis" Griega.

La "polis" griega aparece como un modelo frente a la situación de Alemania. En la polis griega se cumplía la armonización del individuo con la sociedad: la vida del hombre nacía, se desarrollaba y moría en la vida y en el "espíritu" de la polis, hasta el punto de que el individuo no era nada separado de la comunidad política, social y cultural de la ciudad.
En relación con esto, es muy importante el concepto de Volkgeist (espíritu del pueblo). Este espíritu es el único concreto y efectivo, ya que el espíritu individual no es sino abstracto. Para Hegel el espíritu del pueblo da plenitud al individuo. Sin embargo, al parecer de este filósofo, está realización y armonía resulta deficiente y meramente "formal", ya que el individuo todavía no ha descubierto la conciencia de su propia individualidad y de su libertad. En la polis griega sólo algunos llegaron a ser realmente libres.

El Cristianismo y el Descubrimiento de la "Subjetividad" y de la "Conciencia".

Con respecto a la polis griega, el Cristianismo viene a significar, negativamente, la disolución de la vida armónica y en comunidad social. Positivamente, significa el descubrimiento del concepto de "subjetividad", que será interpretado por Hegel como un momento absolutamente necesario para la realización plena de la libertad y el desarrollo y per­fección del espíritu. La religión constituye para Hegel un aspecto fundamen­tal de la vida de un pueblo. El concepto de subjetivi­dad vendrá a significar, en último término, una crítica y un opuesto al concepto "positivización" que puede hacerse de la vida político – social. El término "positividad" viene a significar un 'límite' que se le impone a la vida desde una realidad impuesta de un modo exterior y por la fuerza de la tradición, sin estar fundada y justificada ante la propia razón. "Positividad" vendría a equivaler a "alie­nación". El hallazgo de la subjetividad y su carácter de principio racional y libre representará para Hegel un principio rector en la organización social y política de la vida del espíritu.

La Revolución Francesa

La Revolución Francesa significó para Hegel el triunfo de la Razón. La Revolución Francesa estableció el principio de que el pensamiento debe gobernar la realidad y el orden político – social; Hegel también tenía la concepción de que sólo puede considerarse como verdadera realidad aquella que realiza las exigencias y los fines de la Razón.
Además, la Revolución Francesa se proponía aunar la vida en comunidad con el principio de subjetividad: la realización de la libertad y el sentirse libre.
Sin embargo, la experiencia del Terror en la época de Robes Pierre mostró a Hegel la tremenda dificultad de conjugar racionalmente la libertad del hombre y la organización político – social en un equilibrio en el que ninguno de los polos sea reducido y disuelto en el otro, pues en tal caso se acabaría con la libertad objetiva y con la vida del Espíritu.

El Marco Filosófico

La obra de Hegel puede considerarse como la madurez filosófica y cultural de la tradición occidental. Su filoso­fía pasa por ser el último gran sistema filosófico, en el que confluyen prácticamente todas las filosofías anteriores. El propio Hegel interpretó así su sistema, como el estado de maduración y unidad interna de todo el pensamiento anterior a él (así lo hace en sus Lecciones sobre la historia de la filosofía).
La filosofía de Hegel se basa en la relación entre los dos conceptos fundamentales de la filosofía anterior: la Naturaleza (en la filosofía griega) y el Espíritu (en la filosofía cristiana y, a partir de Descartes, en la filosofía moderna). Hegel pretende la unidad interna y la conexión entre Naturaleza y Espíritu, de modo que pueda elaborarse una teoría unitaria, total y cerrada sobre la realidad en su totalidad. Pero para ello Hegel necesitaba revisar y superar la filosofía de Kant, que era la que había alcanzado mayor madurez pero que, en cambio, ofrecía mayores dificultades para ese proyecto de sistema filosófico unitario, cerrado y total.

Kant veía como insuperables las siguientes cuestiones:

- La distinción entre el entendimiento y la razón. El entendimiento para Kant sólo alcanzaba a los fenómenos, a lo finito y limitado. La razón, aunque tiende hacia lo absoluto y lo infinito, no puede alcanzar esa plenitud.
- La distinción entre fenómeno y noúmeno. Esta distinción supone que el orden de la realidad está dividido, sin que sea posible elaborar una teoría absoluta y total sobre la realidad en su integridad.
- La distinción entre el ser y el deber ser. Esta distinción establecía una radical distinción entre la teoría (el pensamiento) y la praxis (la acción).
- La escisión entre lo finito y lo infinito (mundo – Dios, Naturaleza – Espíritu).
Aristóteles concebía la filosofía como la tendencia a un saber universal y necesario de la realidad de lo total. Para Kant esta tarea será algo inalcanzable para la limitada razón humana (y por eso para Kant la filosofía era una crítica). Hegel, corrige a Aristóteles afirmando que la filosofía tiene que dejar de ser "tendencia" al saber para ser un efectivo y pleno Saber; y corrige a Kant diciendo que tiene que ser ciencia (y, por lo tanto, no crítica, sino sistema): el sistema absoluto de la totalidad de lo real (un sistema racional.

3. La Dialéctica

Sentido De La Dialéctica

El término "dialéctica", aunque no fue Hegel el prime­ro en utilizarlo (lo habían hecho ya, por citar dos ejemplos, Platón y Kant), sirve para caracterizar toda su filo­sofía llamándola método dialéctico o naturaleza dialéc­tica de la realidad.

Carácter Concreto e Histórico de la Dialéctica.

Ya habíamos hablado de que la filosofía de Hegel nacía unida a un marco histórico y social determinado, en el que Hegel denunciaba la falta de libertad del hombre. El término "dialéctica" es utilizado por Hegel para comprender y expresar la situación real del mundo. En la dialéctica de Hegel queda patente, pues, una voluntad de actuación sobre una realidad escindida, contradictoria y alienaba que lucha por superar esa situación.
La dialéctica expresa, pues, tanto la contradicción del mundo existente cuanto la necesidad de superar los límites presentes en un afán de superación movido por la necesitad de una realización total y de un modo efectivo de la libertad y de la infinitud.

La Dialectica como Estructura de la Realidad.

Pero también habíamos visto que la filosofía de Hegel estaba inserta en un marco filosófico muy preciso. En ese sentido, en cuanto expresión de la filosofía de Hegel, dialéctica significa la radical oposición de Hegel a toda interpretación fragmentaria de la realidad y del conocimien­to.
El carácter dialéctico de lo real significa que cada cosa es lo que es, y sólo llega a serlo en interna relación, unión y dependencia con otras cosas y, en último término, con la totalidad de lo real.
La dialéctica de Hegel concibe la realidad como un todo, sin que ello afecte para nada a la relativa independencia de cada cosa en su singularidad.
Esta concepción se opone a la interpretación empírica de la experiencia. Frente a la supuesta autonomía de los hechos tal y como son dados en la experiencia, la estructura dialéctica de lo real acaba por mostrar que los hechos no son sino el resultado de un juego interno de relaciones que son las que, en última instancia, constituyen las cosas, a pesar de que aparentemente pueda parecer que los hechos tengan una independencia.
Pero el carácter dialéctico de lo real no sólo significa que tenga una relación interna, sino, más profundamente aún, que cada cosa sólo es lo que es en un proceso continuado. Es decir, la realidad, en cuanto dialéctica, no es fija ni determinada de una vez por siempre, sino que está en un constante proceso de transformación y cambio, cuyo motor es, a la par, tanto su interna contradicción, limitación y desajuste en relación con su exigencia e intención de tota­lidad, infinitud y absoluto, como la interna relación en que está con otra realidad, que aparece como su contrario.
La realidad en cuanto dialéctica está, pues, regida y movida por la contradicción, internamente relacionada y constituida como oposición de contrarios. De este modo, cada realidad particular remite a la totalidad, al todo, y sólo puede ser comprendida y explicada en relación al todo. Y, por otra parte, cada realidad, casa cosa, no es sino un momento del todo, que se constituye en el todo, pero que también queda asumida y disuelta en el todo. Según sus propias palabras, "lo verdadero es el todo".

La Dialéctica como Estructura del Conocimiento.

El carácter dialéctico de la filosofía hegeliana tiene igual alcance en lo que se refiere al conocimiento o al saber ("conocimiento dialéctico" o "método dialéctico").
Para Hegel, por su propia concepción de la filosofía como "el conocimiento efectivo de lo que es en verdad", la teoría acerca de la realidad requiere indagar lo que es el conocimiento, el saber, el pensar (recuérdese que la relación ser – pensar ha sido una cuestión fundamental a lo largo de la historia de la filosofía.
Para Hegel el conocimiento tiene una estructura dialéc­tica. Y tiene esa estructura, en definitiva, porque la realidad es dialéctica y, por tanto, el conocimiento también es dialéctico, en cuanto que es una dimensión de lo real y en cuanto que se configura dialécticamente al manifestar adecuadamente la naturaleza dialéctica de la realidad. Pero, en verdad, las distinciones entre conocimiento y realidad, pensar y ser, etc., son, según Hegel, inadecuadas, justamen­te en razón del carácter dialéctico de la realidad en general y del principio hegeliano de que "lo verdadero es el todo". Lo que hay, en cualquier caso, es la relación interna y estructural entre el ser y el pensar, o, lo que es lo mismo, entre el objeto y el sujeto.

Veamos ahora tres puntos fundamentales de la estructura dialéctica del conocimiento:

-El conocimiento, estructuralmente, consiste en la relación sujeto – objeto, de modo que cada uno de los momentos de esta relación sólo lo es por beneficio o consideración del otro. Pero con la peculiaridad de que cada uno de ellos niega y contradice al otro, dándose entre ellos una desigualdad y desajuste (que de ser definitivos e insuperables harían imposible una plena verdad), desigualdad que impone un proceso de transformación en el que se tienda a la igualdad o identidad.
-El proceso encaminado a superar la dife­rencia entre objeto y sujeto tiende a la identidad de ambos. Es decir, se tiende a la reducción de uno al otro. Sólo en la identidad total que se alcanza en la total reducción es posible alcanzar uno conocimiento total y absoluto, es decir, un conocimiento que sabe la totalidad de lo real. Hegel, pretende hacer de la filosofía un sistema para llegar a un conoci­miento absoluto. Sólo un conocimiento total y que sepa la totalidad de un modo absoluto merece, según Hegel, el nombre de verdadero conocimiento (él lo llama ciencia). El conocimiento dialéctico es un conocimiento absoluto; y no sólo porque llega a saber la totalidad de lo real, sino porque además sabe cada realidad particular "en relación al todo y como formando un momento del todo". Así sólo gracias al conoci­miento o saber absoluto adquiere validez y sentido cada conocimiento provisional, relativo y parcial. El conocimiento dialéctico es, pues, un conocimiento absoluto. Esta tesis epistemológica está conecta­da estrechamente con la tesis ontológica de que lo verdadero es el todo.
-En la reducción a la identidad absoluta en que se alcanza el verdadero y pleno conocimiento dialéctico tiene lugar la disolución de uno de los momentos estructurales del conocimiento en el otro. Hegel interpretará está disolución y reducción como la reconversión del objeto en el sujeto: será, pues, en el sujeto y como sujeto como se alcance la identidad absoluta. La identidad será una identidad en y del sujeto. Pero con esa reducción no sólo se cumple una reducción epistemológica (del objeto de conocimiento al sujeto de conocimiento), sino también una reducción ontológica (del ser en el pensar). Y siendo el Sujeto del saber, en último término, pensamiento, razón o idea, la reducción al sujeto, la reducción del ser al pensar, convierte la filosofía hegeliana en un idealismo absoluto. No se trata tanto de la reducción del ser al pensar, cuanto de la interpretación de lo real, del ser, como Idea o Razón: "Todo lo real es racional"; "el que lo verdadero sólo es real como sistema o el que la sustancia es esencialmente sujeto, se expresa en la representación que enuncia lo absoluto como espíritu, el concepto más elevado de todos y que pertenece a la época moderna... Sólo lo espiritual es lo real".

Estructura De La Dialéctica

Hemos visto que para Hegel la dialéctica no se limita a ser un método del conocimiento, sino que es algo más. La dialéctica constituye la naturaleza y estructura de lo real, y por ello es por lo que constituye el modo de proceder del conocimiento.
La estructura y esencia de la dialéctica es un todo complejo constituido por tres momentos o aspectos implicados entre sí (y es ésta la auténtica interpretación, y no que sean tesis, antítesis y síntesis --términos, por otro lado, que Hegel nunca utilizó-- tres pasos sucesivos):

-Lo que se ha llamado tesis (el aspecto o momento abstracto o intelec­tual). Suele interpretarse la tesis como una afirmación cualquiera, una realidad, un concepto. Pero esta afirmación lleva en su entraña un contrario, ya que la realidad no es estática, sino dinámica.
-Lo que se ha llamado antítesis (el aspecto o momento dialéctico o negativo –racional). Suele interpretarse como la negación de la afirmación anterior, ya que es esa contra­dicción el motor de la dialéctica. Este momento negativo es lo que hace dinamizar la realidad.

-Lo que se ha llamado síntesis (el aspecto o momento especulativo o positivo – racional). Suele interpretarse como la superación del conflicto, la negación de la negación anterior. Los dos momentos anteriores son a la vez eliminados y conservados, es decir, elevados a un plano superior. La síntesis conserva todo lo positivo que había en los momentos anteriores. Por eso la síntesis es enriquecimiento y perfección, es la seguridad de que la realidad está en constante progreso. La síntesis se convierte inmediatamente en tesis del proceso siguientes, a la que se opondrá la antítesis para dar lugar nuevamente a una síntesis que será a la vez la tesis del proceso siguiente: todo está en constante progreso dialéctico.

Estos tres momentos de la dialéctica hegeliana están vertebrados y constituidos en una estructura cuya adecuada comprensión se alcanza mediante lo que podríamos denominar categorías fundamentales de la dialéctica:


Inmediatez – mediación.
Totalidad.
Negatividad – contradicción.
Superación.

4. La filosofía de la historia

Hegel intenta comprender dialécticamente lo que ha sucedido en la historia y para ello somete y contrasta toda su armazón doctrinal con los sucesos históricos de cada época.
Para Hegel la reflexión sobre la historia supone una interpretación: la imparcialidad es imposible . Hay que interpretar la historia desde la racionalidad; hay que atender a los hechos para discernir el proceso racional que se da en la historia.
La filosofía de la historia es la consideración reflexiva de la historia en cuanto que es el espíritu el que dirige esa historia. Hay que contemplar los hechos, pero interpretándolos a la luz del espíritu tal como se desenvuelve en el tiempo.

La visión racional de la historia.

Las categorías

Para Hegel la razón rige el mundo y, por tanto, la historia ha transcurrido racionalmente. La razón es, pues, la sustancia de la historia. Si la historia ha transcurrido racionalmente, esto significa que ha transcurrido de acuerdo con unas categorías o leyes, y es necesario que el historia­dor se enfrente a la historia con esas armas para poder explicar de forma convincente y racional la historia.

Esas categorías son las siguientes:

1. Variación. Se pone de manifiesto si nos fijamos en el cambio de individuos, pueblos y Estados que se van sucediendo: "Vemos un ingente cuadro de acontecimientos, pueblos, Estados e individuos en incesante sucesión. Cuando uno desaparece viene otro al momento a ocupar su puesto".

2. Negatividad. El espíritu en su andadura histórica no cesa de destruirse y construirse constantemente. Esto significa que las etapas históricas tienen un desarrollo interno dialéctico que las hace desaparecer para transformarlas en otras más ricas y potentes: es la dialéctica aplicada a la historia. Cada estadio histórico se muestra como un individuo y, como tal, nace, florece, madura, decae y muere. En la muerte de un estadio reside el motor de cambio del proceso histórico, pues lleva en sí el germen de un nuevo estadio. En este sentido hay que entender la frase "De la muerte surge la vida". Esta idea la explicaban antiguamente a través del ave Fénix: de sus cenizas surge una vida rejuvenecida y fresca.

3. Razón. La historia se desenvuelve en el terreno del espíritu. El espíritu es una conciencia no sólo del sujeto, sino también del objeto (Hegel llamaba a esto "conciencia de sí". Y esta conciencia de sí es la libertad, es decir, la autoconciencia.

4. Libertad. Es el principio fundamental que hace posible la historia. Sólo teniendo conciencia de la libertad se puede ser libre (de los tres tipos de libertad que distingue Hegel --natural, de capricho y racional--, Hegel se refiere a la libertad racional). Pero no basta con tener conciencia de la libertad, sino que es necesario hacerla realidad, objetivarla. Esta libertad se objetiva a través del Estado.

Para saber cómo se objetiva la libertad, es nece­sario saber lo que es el espíritu objetivo. El espíritu subjetivo concluye en la conciencia de libertad, pero hace falta que se den las condiciones objetivas que hagan posible el ejercicio de la libertad. Estas condiciones son el derecho, la moralidad y la eticidad, de las cuales no vamos a hablar, que constituyen el espíritu objetivo. El Estado es la perfecta expresión de la racionalidad y de la libertad, y, por tanto, representa la forma más alta del espíritu objetivo.
El Estado representa para Hegel la única realidad capaz de lograr y realizar plenamente la libertad. En el Estado se inserta plenamente lo individual y lo universal. El capricho individual no es libertad. Sólo en el Estado el hombre tiene existencia racional. Estas ideas de Hegel han motivado que algunos lo acusaran de totalitarista. Hegel dice que pensar que el Estado no hace más que coartar la libertad de los individuos es pensar de forma negativa e idealista, ya que sólo el Estado es la única garantía de la libertad y de que los individuos vivan libremente. Lo demás sería pensar que el capricho individual puede ser elevado al rango de libertad. Esto hizo que Hegel criticase algunas de las teorías sobre el Estado de pensadores anteriores (crítica de los que piensan que el hombre era libre en el estado de naturaleza y que el Estado no hace sino coartar la libertad, y crítica de la teoría de Estado Patriarcal).

La historia como explicitación del espíritu en el tiempo

Para entender mejor esta noción de historia, veamos por separado los conceptos de "espíritu" y "explicitación en el tiempo"

Espíritu

Espíritu no es lo opuesto a la materia. Es lo más fuerte, profundo y real de lo existente. Es el espíritu del mundo o espíritu universal, la fuerza de todas las fuerzas, la profundidad de todas las profundidades. Es la reconciliación del hombre con la realidad, la reconciliación del sujeto pensante con el objeto pensado.
No es nada estático. Por el contrario, va evolucionando dialécticamente: espíritu subjetivo (descubrimiento de sí), espíritu objetivo (realización práctica: aquí hay que colocar a la historia) y Espíritu Absoluto (encuentro definitivo del hombre con la realidad, del sujeto con el objeto).

Explicitación en el tiempo

El espíritu poco a poco se va desarrollando, se va expresando en medio de un proceso siempre progresivo, sin poder volver atrás.
Por eso la historia es:

El paso de todo la parcial hacia la totalidad.

El tiempo que dura el enriquecimiento progresivo de los seres, de la verdad, de la libertad...
El encuentro y reconciliación del sujeto con el objeto, del hombre con la realidad.
La historia es la cumbre en el Espíritu Absoluto: es la total superación de todo proceso, la máxima unidad de contra­rios, la culminación y la plenitud de todo ser, la expresión máxima de la Libertad, de la Verdad, del Pensamiento...

La Historia Como Escenario De Dios En El Mundo

La razón dialéctica es la que rige el mundo, y, por tanto, la historia universal ha transcurrido racionalmente.
La comprensión filosófica de la Historia se convierte para Hegel en una justificación del protagonismo de Dios en la Historia, en lo cual todo lo negativo aparece como algo subordinado al Todo, al plan total del Espíritu.
Hegel tiene una visión teológica de la historia que implica que todos los acontecimientos crueles, injustos y bárbaros que se han producido en la historia no tuvieron más remedio que hacerse. Fueron unos instrumentos en manos del Espíritu del Mundo.
Esa Razón infinita es la que opera en la historia de la humanidad por la cual esa Razón infinita se realiza a sí misma.
Hegel no se fija en lo penoso del camino histórico, sino en la meta, en el fin con que se han llevado a cabo esos sucesos desagradables. Para Hegel, esa meta, es el Espíritu, y e fin que persigue el Espíritu es la conquista de la libertad.

La Historia Como Avance De La Conciencia De La Libertad

La historia es el proceso de desarrollo de la libertad. Este proceso es el mismo que el desenvolvimiento de la verdad parcial hacia la totalidad hasta llegar a la Verdad total. La historia universal es para Hegel un conjunto de fases o épocas históricas que se van sucediendo dialécticamente en un progresivo avance de la realización de la libertad a través del Estado, que no sólo no coarta la libertad de los individuos, sino que es la única forma de que los individuos vivan en libertad.
Hegel distingue tres estadios en este progreso de la conciencia en libertad que constituye la trama de la historia:

Oriente. Es el primer período, la infancia de la humanidad, que se caracteriza por la ausencia de libertad. Los orientales no saben que el hombre como tal es libre, y, como no lo saben, no lo son. Solamente un hombre era libre: el déspota. Es la época de despotismo en la que el poder del Estado se concentra en un solo individuo. El individuo, pues, está absorbido por el Estado. En la relación individuo – colectividad prevalece el elemento comunidad. Pertenecen a este periodo China, India, Persia, Asia Menor y Egipto.

Occidente: Grecia y Roma. Es el segundo periodo, que contiene la historia del mundo grecorromano. Es la etapa de la adolescencia de la humanidad. Se inicia la conciencia de la libertad, y por ello se lucha por la libertad. Pero entre Griegos y romanos sólo sabían que algunos hombres eran libres, pero no que el hombre como tal lo fuera. Por ello se dio la esclavitud. Sigue prevaleciendo el elemento comunita­rio sobre el elemento individual (polis griega).

Pueblos Germánicos. Representan la ancianidad de la humanidad. Es un periodo que se prolonga desde la llega­da del Cristianismo hasta la época actual (de Hegel, se entiende). La libertad, que surgió con el Cristianismo, no llegó a tener inmediata expresión en las leyes y en las instituciones porque con el triunfo cristiano perduró la esclavitud. Ha sido necesario un largo proceso de desarrollo de los pueblos antes del reconocimiento explícito de la libertad. Se produce la reconciliación de la escisión sujeto – objeto = individuo – colectividad. Sólo las naciones germánicas han llegado a la concien­cia de que el hombre es libre como hombre. Es la etapa de madurez de la Historia: todos somos libres. Todos los hombres se sienten y son libres (abolición de la esclavitud), y realizan su libertad a través del Estado.

¿Qué medios utiliza el espíritu para realizar este fin? A primera vista, pueden parecer los menos adecuados. Se trata de los pequeños intereses, necesidades y pasiones humanas que aparecen constantemente en la Historia. Hegel afirma incluso que sin pasión nada grande se ha realizado en el mundo. Pero ¿cómo puede el Espíritu, con esa enorme masa de intereses y pasiones individuales realizar el fin universal de la historia? Es verdad que sin pasión no se hace nada serio en la historia, pero las pasiones de las grandes figuras de la historia son utilizadas como instrumentos del Espíritu del Mundo y muestran la "astucia de la razón". La razón hace que el interés particular de la pasión sirva de cebo a la realización del interés universal. Sus instrumentos son los grandes personajes históricos, los hombres cuyo fin individual incluye el fin universal del Espíritu. Tales hombres (Alejandro Magno, Julio César, Napoleón) no tenían necesariamente conciencia de que sus fines particulares eran sólo momentos del fin universal.
La institución que asegura la consecución del fin al que se dirige la historia es el Estado. Este es algo así como el material con el que se construye la historia y llega al fin último del Espíritu. El Estado es la realización de la libertad, la unión de la voluntad universal del Espíritu y de la voluntad subjetiva del individuo. Sólo en la obediencia al Estado es el hombre verdaderamente libre. Por eso los grandes individuos históricos han sido los creadores de los grandes Estados.
En resumen, el pensamiento hegeliano se ha desplegado dialécticamente conforme a los tres momentos:

Tesis: la meta de la historia universal es el progreso en la conciencia de libertad.
Antítesis: los medios para lograr ese fin son las pasiones y egoísmos de los individuos.
Síntesis: la unión de ambos momentos y el ámbito de realización de la libertad es el Estado.

5. Conclusión

Hay que tener muy en cuenta que:
Hegel no intenta justificar ninguna forma política concreta. Lo único que intenta justificar es la racionalidad del Estado. El que algunos grupos políticos hayan querido justificar su propia doctrina (totalitarismo) apoyándose en Hegel es otra cuestión.
La interpretación que hace Hegel del Estado hay que situarla dentro de una época determinada y tal vez no valga para otra época.





Trabajo enviado por:
Juan Paulo Ramírez Sánchez
jpaulo29[arroba]hotmail.com